Un artículo de Gregorio Cabrera (Publicado previamente en Diario de Lanzarote).
o estaba allí cuando todo empezó. La noche anterior transcurrió como todas las demás, con el océano jugando a mis pies, hurgando entre los callaos con sus dedos espumosos. Pero algo cambió al alba. De algún lugar a mis espaldas brotó un rumor profundo seguido de una especie de griterío angustioso procedente de los llanos. Percibí que la tierra tenía miedo. Yo también. No lo sabíamos aún, pero el parto del fuego estaba próximo a comenzar.
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