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El susurro de la chona

Ana Lydia Fernández-Layos Fernández.Hay círculos de marujas y machirulos que andan en círculo. La autora de este artículo realiza aquí un divertido recorrido por los roles de mujeres y hombres que invita a la reflexión. Pasen y lean.

L
legar a ser mujer en palabras de Beauvoir así como llegar a ser un hombre “de verdad” es complejo en los tiempos que corren y aún más interesante, si cabe, en esta tierra nuestra de chorizos, morcillas, manolos, marucas, peinetas, isas y taconeos.

Las mujeres no nos conocemos bien y andamos por la vida a veces a tientas y a veces a trompicones, de puntillas o encaramadas a una Torre Kio en cada tobillo. Por dentro y por fuera nos mueven, agitan y arrastran los vientos ancestrales que nos susurran al oído las normas a cumplir para “ser buenas” (sin ser demasiado tontas), bellas (sin enfadarse señoras que nos salen más arrugas, llorar es más favorecedor), buenas madres (o las causantes de los peores males sociales) y trabajadoras (según modelos polifacéticos entre tomb rider y superwoman) imposibles de alcanzar.

Los inicios del ‘asunto’
Una mujer señala una ecografía. Fotografía de Kiko Alario (Enlace: http://www.flickr.com/photos/superkas83/3374959121/)

Ecografía. Foto: K. Alaria.

También seguimos siendo las mujeres en muchos ámbitos -según evidencian las cifras y el trato diario- el segundo sexo y además envidiosas (de pene según Freud). Señoras, en algunos países ya somos ciudadanas de segunda recién concebidas. Aquí en nuestra tierra, antes de nacer ya escuchamos el susurro de las chonas que le dicen a nuestras hermosas madres que están más feas si somos nosotras y no un santo varón las que estamos en su vientre. Incluso la forma en que nombran a nuestros genitales nuestros primeros doctores o doctoras ya expresa la preponderancia del “peazo asunto” –por no decir otra cosa-que se le ve al niño en la ecografía” sobre el “no se ve nada parece que es niña” evidenciando que al parecer las maquinitas actuales no captan las dimensiones de las hermosas vulvas que aún entre adultos nos cuesta nombrar.

Al parecer las maquinitas actuales no captan las dimensiones de las hermosas vulvas que aún entre adultos nos cuesta nombrar”

 Esto puede tener señoras y señores graves consecuencias. La falocracia, si, si falocracia, (“manda o mandan mayoritariamente güevos” y casi siempre con corbata), podría ser una de las posibles causas de una menor satisfacción sexual entre las féminas. Si hiciéramos un estudio sobre el conocimiento de las mujeres españolas en edad reproductiva sobre sus genitales muy probablemente encontraríamos que un gran número no han visto nunca de cerca y desconocen en detalle sus partes íntimas así como el placer que pueden brindarles. El espejito, espejito de los cuentos infantiles bien utilizado podría resolver muchos casos de supuesta frigidez femenina.

Buscando a Jack

Al lado, enfrente, arriba o abajo pero siempre cerca, en el mundo machirulo uno de los grandes retos de muchos jóvenes de nuestra era consiste en cómo ser un hombre de verdad sin morir en el intento y sin partirse la crisma demostrándolo entre alardes testosteronicos. Todos quieren parecerse a Jack, el que se imaginan que busca la del anuncio: rebelde,sexy, duro, con moto, deportista… y al mismo tiempo ser el “buen hijo” que les han enseñado: inteligente, sensible, proveedor, competitivo y eficiente, entre otros.

Además los hombres de hoy tienen que sacar tiempo para cuidarse, teñirse e incluso depilarse: ya ha pasado a la historia que el hombre y el oso cuanto más feos (y peludos) más hermosos. Otra novedad es que chicos, para los que no lo sepan ya pueden llorar según los nuevos modelos de masculinidad y paternidad, eso sí silenciosa y dulcemente sin grandes alardes para no ser tachados de histéricas, locas o demasiado gays.

Hombres, mujeres y viceversa, ser o no ser, marías y manolos, marujas y pepes, la cuestión en este caso es estar como se esté, y que tanto monte, monte tanto Isabel como Fernando.


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