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La deuda o la vida

EL PERIODISTA OCTAVIO CARABALLO DENUNCIA QUE LOS CIUDADANOS HAN SIDO ABANDONADOS POR LOS GOBIERNOS.

L
a deuda o la vida”. Este dilema es el título de una obra que cuestiona abiertamente que los Gobiernos europeos antepongan el pago de la deuda al mantenimiento de los servicios públicos que garantizan el bienestar de los ciudadanos y la calidad de vida.

Esta disyuntiva, ante la que los Gobiernos de la Unión Europea han optado claramente por la primera opción, es decir, por el pago de la deuda, ha contribuido a que se acreciente, día tras día, la distancia que separa a los políticos de los ciudadanos y, sobre todo, a que la desconfianza se haya extendido con una fuerza desconocida en nuestra etapa democrática.

Realidad versus propaganda

Pese a que el Gobierno insiste en hacernos creer que lo peor ha pasado, lo cierto es que la inmensa mayoría de los ciudadanos considera que la situación sigue siendo la misma. Las percepciones sobre la evolución económica difieren cada vez más entre el triunfalismo del Gobierno y la realidad que se vive a pie de calle.

Lograr un trabajo ya no es suficiente en España para dejar de ser pobre. La crisis sigue estando presente entre nosotros y su impacto sigue siendo negativo sobre las condiciones de vida y el bienestar de la población. Seis años después de su inicio, varios estudios realizados en nuestro país –y cuyos resultados son cada vez más alarmantes- certifican, entre otras conclusiones, el empeoramiento de la salud mental de muchos ciudadanos y sus efectos sobre la población más vulnerable.

Los datos que afloran en estos estudios señalan que los síntomas de ansiedad y depresión siguen en aumento ante la ausencia de perspectivas de futuro y la incapacidad de muchos ciudadanos para lograr una salida que ponga fin a su drama personal y familiar.

Hoy, por tanto, existe un motivo de esperanza añadido para seguir creyendo que lo público, si es bueno para todos, debe seguir siéndolo”

Los efectos de la crisis son más dolorosos para aquellos que han perdido su puesto de trabajo y, además, han tenido la desgracia de caer en las redes de la ansiedad o la depresión. No tienen empleo y, arrastrados por unas patologías desconocidas para muchos, se ven abocados a vagar por un sistema sanitario que sufre, al igual que el resto de los servicios públicos, las consecuencias devastadoras de los ajustes presupuestarios. Muchas personas que, como escribía José Luís Peixoto, no encuentran “la forma de explicar todo lo que se dice cuando se dice sufrir”.

Por ello, por la necesidad de contar ahora más que nunca con unos servicios públicos de calidad, hoy celebramos que la Justicia y la presión de las mareas blancas haya echado por tierra el proyecto de privatizar la gestión de seis hospitales en la Comunidad de Madrid. Un modelo que, en el caso de no haber sido paralizado por los Tribunales y por quienes nunca perdieron la esperanza en la calle, se hubiese extendido a otros territorios.

Imagen conmovedora

Conmueve ver la imagen que ilustra hoy la portada del diario El País, en la que dos trabajadoras se abrazan frente a una pancarta en la que se dice que “la sanidad pública no se vende, se defiende”. Una imagen emotiva que nos invita a seguir creyendo en la defensa de un servicio que, junto a la educación, representa uno de los bienes más preciados de una sociedad que aspira a más igualdad y se distancia cada día más de aquellos que apuestan por otra forma de entender la política. Una forma basada en el desmantelamiento de los servicios públicos, su trasvase a empresas privadas y la supresión de derechos.

Hoy, por tanto, existe un motivo de esperanza añadido para seguir creyendo que lo público, si es bueno para todos, debe seguir siéndolo.

 


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