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Otra vez el fascismo

TÍTULO: ‘Alerta que viene otra vez el fascismo del nacionalcatolicismo. Entender de nuevo el carácter público de la Fe’
EL AUTOR

Agustín Ortega.

Agustín Ortega Cabrera nos deja su opinión en estas profundidades. El autor es  subdirector del Centro Loyola, Centro Fe y Cultura de los Jesuitas (Las Palmas de Gran Canaria) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de Trabajo Social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología (Ulpgc). 

Y
a lo había advertido en un blog significativo, de carácter integrista, sobre temas de la iglesia católica, cuando se ensalzaba la figura del dictador franquista. Ahora, en ese mismo blog y en otro de similar línea integrista, de nuevo se realza a otra figura señalada de la dictadura franquista, de la extrema derecha, del fascismo. Lo primero que quiero dejar claro, como se verá a lo largo del artículo, es que no quiero ideologizar la cuestión. En este sentido, no me defino ni de derecha ni de izquierda, sino principalmente desde mi intención (intento) de vivir la fe cristiana-católica en la iglesia.

En esta línea, tengo afinidad con una filosofía y pensamiento conocido como un nuevo humanismo espiritual e integral, el personalismo comunitario, en muy buena medida de inspiración cristiana y católica, con autores tan significativos como Mounier y Rovirosa, Zubiri y Ellacuría, etc. Desde aquí hago estas valoraciones, en sintonía y fidelidad a la tradición y enseñanza de la iglesia, desde la antropología y la ética en la historia, intentando evitar, como digo, ideologizaciones partidistas.

La fe y la iglesia no deben estar nunca beneficiando a los poderosos y los ricos para que sigan siendo ricos y poderosos, ya que la riqueza y el poder, y sus actuales sistemas como el capitalismo, son inmorales e inhumanos” 

 

Así que, para ir clarificando las cosas, como enseña la ética y la iglesia, también considero como totalitarismo, aunque se diga de izquierda, el comunismo leninista-stalinista, el colectivismo, y, en parecida línea, el régimen de terror que se estableció en la segunda república en España con respecto a la fe, como se sabe, con la violencia y asesinato que se perpetraron sobre miles de víctimas de miembros de la iglesia católica. Esta situación de violencia y de asesinato, que conllevó la sinrazón y perversa guerra civil española- una autentica contienda fratricida-, tuvo como caldo de cultivo la injusticia y la opresión que vivía la mayoría del pueblo español empobrecido de aquella época, a manos de las élites, los más ricos y poderosos.

Ejemplo de la historia

No lo olvidemos nunca, las situaciones de opresión e injusticia social, y quien se alinea con esta injusticia y los poderes que la ejercen, es la raíz de la violencia y de las guerra, tal como pasó en España de finales del XIX y principios del XX, y como nos muestra la historia, las diversas ciencias sociales y la doctrina social de la iglesia.

Dejando lo anterior claro, aunque expuesto de forma breve (con todos los matices que se pueden poner), lo que nos preocupa ahora, como indicamos, es el re-brote en diversas partes del mundo de este integrismo religioso, como fue lo que se ha llamado el “nacional-catolicismo”, vivido con la dictadura franquista, de extrema derecha y de corte fascista. Y que todo eso encima, a estas alturas de la historia y de la iglesia, se quiera hacer pasar como que es católico y cabal. Como ha sucedido de forma similar en otras partes del mundo, la dictadura franquitas, con su fascismo nacional-católico, impuso un régimen totalitario, donde el poder político y económico querían confundirse con la fe e iglesia católica, someter a la iglesia a sus dictados y pretensiones opresoras; imponer este nacional-catolicismo, con fuego y sangre, a toda la población española. Y todo ello, con la pretensión última de mantener y asegurar el poder político y económico de las élites más ricas y dominantes.

Es claro que la fe cristiana y católica tiene, en su entraña, un carácter público, social y ético-político” 

 

Pues bien, ya en la época de este nacionalcatolicismo y en especial, como momento esencial, con la celebración del Concilio Vaticano II como actualización y renovación de la iglesia, el magisterio de la iglesia deslegitima toda esta configuración y pretensión de la dictadura franquista y del nacional-catolicismo, de la extrema derecha y los fascismos.La enseñanza de la iglesia deja claro que hay que distinguir, de forma nítida y diáfana, el partidismo ideológico y la nación o estado: de lo que es la fe y la iglesia, que nunca se pueden confundir ni mezclar. Ya que son dos ámbitos bien diferenciados, uno el espiritual y religioso, y el otro el partidismo ideológico y gubernativo o nacional-estatal. Es claro que la fe cristiana y católica tiene, en su entraña, un carácter público, social y ético-político. Ya que busca transformar y renovar las relaciones humanas, culturales, sociales…, la humanidad y el mundo con sus estructuras e instituciones, para que se ajusten al proyecto de Jesús, su Reino de amor fraterno y vida, de paz y justicia con los pobres, de vida digna y de bien común-universal.

Tampoco es aceptable

 

De ahí que el laicismo, que impide esta libertad y expresión pública de la fe con su dimensión social-ética, no es tampoco aceptable. Pero igualmente no es válido dicho nacionalcatolicismo, el integrismo y fascismo religioso que, como ya indicamos, confunde y sacraliza un determinado régimen gubernamental o de nación-estado. Y menos aun cuando este régimen, como hizo la dictadura franquista y su nacional-catolicismo, se establece para beneficiar a los ricos y poderosos, a los poderes económicos, como el capitalismo, que oprimen y empobrecen a las personas; y cuando se hace de una forma violenta y asesina, torturando y asesinando a los que no están de acuerdo con dicho régimen, cuando se impone la religión y las creencias por la fuerza y violencia, etc.

Como vemos, este fascismo y nacional-catolicismo no respeta la adecuada la laicidad de la iglesia y de la nación-estado, que son ámbitos distintos aunque llamados, como ya señalamos, cada uno desde su identidad específica a colaborar conjuntamente, en lo que se pueda, al bien común y a la justicia con los pobres. La fe y la iglesia no debe estar nunca beneficiando a los poderosos y los ricos para sigan siendo ricos y poderosos, ya que la riqueza y el poder, y sus actuales sistemas como el capitalismo, son inmorales e inhumanos. Por el contrario, se debe promover la pobreza evangélica y solidaria con los pobres, el servicio y compromiso por la justicia con los pobres.

 

Contra toda violencia

El destino universal de los bienes y la dignidad del trabajador, por encima de la propiedad privada y del capital (beneficio, ganancia…). El mercado y la economía regulados por la ética, la sociedad civil y el estado para el bien común y la satisfacción de necesidades básicas de todos. Y siempre en contra de toda violencia y guerra, de las armas e industria militar, menos aún, si es usada para imponer cualquier credo o idea. Todo esto lo enseña el magisterio de la iglesia, su doctrina social y el Vaticano II que favorece un estado laico, no confesional, y social de derecho-s, una democracia real e integral. En donde se asegure la vida, dignidad y derechos de la todas las personas, su participación y protagonismo en la vida civil, como es la libertad de creencia y religión, de expresión social y pública de la fe, no impuesta y libremente elegida. Decir también que algunos de estos grupos integristas y fascistas, ya señalados, hacen bandera de la defensa de la vida y la familia.

Es evidente que la enseñanza moral de la iglesia se opone al aborto y la eutanasia, y entiende la familia conformada por el marido y mujer, abierto a la vida con los hijos. Pero dichos grupos utilizan esta bandera de la vida y de la familia, de forma interesada y manipuladora. Y favorecen, al mismo tiempo, las guerras y la pena de muerte, la destrucción ecológica y las injusticias sociales- como la pobreza, el hambre y el paro o la explotación laboral-, generadas por el neoliberalismo/ capitalismo, que es por esencia inmoral, con sus ídolos del mercado y del beneficio, de la propiedad, del lujo-consumismo y riqueza. Promueven esta familia individualista, consumista y capitalista con su religión burguesa que no lucha por la justicia y contra las opresiones e injusticias que padecen las personas y los pobres. Y además santifican a la nación-estado, como si fuera un dios, incluso cuando esta nación-estado, con sus gobiernos, es fuente de injusticia y opresión con los más débiles y pobres.

Sin manipulaciones

Sí, la iglesia defiende la vida en todas sus fases y dimensiones, por lo que se se opone al aborto y a la eutanasia. Y por ello, con su doctrina social, de la misma forma la iglesia está en contra de las guerras y las violencias, de las armas e industrias bélicas, de la pena de muerte y de la destrucción ecológica, de las injusticias sociales y del neoliberalismo/capitalismo al que califica de injusto e inmoral; el capitalismo es inhumano como nos enseñara Juan Pablo II. Promueve una familia pobre y solidaria en el compromiso por la paz, la justicia con los pobres de la tierra y un desarrollo humano y ecológico. Valora la estima y el cariño por la cultura e identidad de los pueblos y naciones-estado, pero no los sacraliza y los deslegitima si no están al servicio del bien común y la justicia con los pobres. Tal como, todo ello, lo enseña la doctrina social de la iglesia y está remarcando nuestro Papa Francisco, y guiarse por todo esto, sin ideologizaciones ni manipulaciones, es intentar ser fiel a la fe y la iglesia, y no solo decir y cumplir lo que nos interesa, como hacen integrismos y fascismos varios.

Ojalá aprendamos de los errores pasados y nos liberemos de toda ideologización, de todo fascismos y totalitarismo, ya sea de derecha o de izquierda, de donde venga, ya que primero está la ética y la fe. Y que todos juntos, creyentes y no creyentes, de forma fraternal, acogiendo todo lo bueno, bello y verdadero que tenemos, unos de otros- sin relativismos ni fanatismos-, nos unamos para ir realizando un mundo más justo y pacífico, como Dios en Jesús quiere, con más vida y vida en abundancia.


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