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Me han vencido

  • Las tribulaciones de un padre por los mundos Disney y sus arrabales

Una historia sobre la gama de grises que rodea al color rosa.

Un texto de SAÚL ORTIGA

Se le iluminó la cara, redondita como un panecillo de esos que untas con mantequilla en lo que esperas en algún restaurante. Con gran emoción, tomó una gran cantidad de aire: lo que le acababa de preguntar requería una gran respuesta.

-“¿Qué es lo que más te gusta de… Clara?”, le pregunté mientras cenaba.

Mi pregunta sólo buscaba conectar con Pandora durante la cena con una conversación amena y que el ágape nocturno no empalmara con el desayuno. Concentrándose, dejó en la mesa, junto al plato de Pocoyó, su tenedor de mango rosa y alitas de avión. Desapareció todo a su alrededor y me miró fijamente arqueando mucho sus cejas, su sonrisa le daba tres vueltas a la cabeza. Contenía su respiración. Se separó de la mesa, empujando la silla hacia atrás con ambas manitas y comenzó lo que seguro iba a ser una gran respuesta:

-”Pueees…, lo que más me gusta de Clara, eees…”.

Puso gran énfasis parándose en las letras “e” de las palabras “pues” y “es”. Es justo ahí, precisamente en ese momento en el que su lengua se columpia sobre la vocal “e”, cuando su cerebro de cuatro años compila toda la información recibida por sus sentidos desde el origen, la destila y emerge puro un pensamiento, una imagen, una fascinación. Me contagió su emoción y yo también contuve el aliento.

Quise adivinar con qué me sorprendería: “lo que más me gusta de Clara es cuando jugamos en el patio a hacer el tren”, quizás “lo que más me gusta de Clara es su forma de reírse”, o tal vez “lo que más me gusta de Clara es que canta muy bien”. Pero era la anticipación de la tragedia lo que en realidad saboreábamos mi hija y yo, y no la cena.

“Lo… que más… me gusta de… de Clara… es… es… ¡su vestido rosa de princesa!”.

No lo vi venir. Uno de los guisantes recién salteados se me atragantó y, en lugar de fluir por mi garganta hacia mi estómago, ascendió absurdamente para triunfar en una gran tos aparatosa. Nos han vencido, pensé.

En el centro comercial

Hace poco acudí a un centro comercial para comprar ropa interior a Pandora. “Papá, ¿por qué las bragas se me meten por el culo?” fue el sutil indicador. Monté a Pandora en su corcel metálico y galopamos hacia una zona en la que se divisaban de lejos manchas de color rosa ácido a un lado y de color azul pálido a otro, dos territorios separados por una frontera. Evité el conflicto de roles de género sorteándolas por detrás. Al girar nos encontramos de frente con un estante repleto de packs de 3 unidades de ropa interior para niños y niñas. Estaban organizados en 3 columnas: “Dora Exploradora”, “Bob Esponja” y “Spiderman”. Aunque mi hija casi no ve la televisión en casa, conoce hasta el número de la seguridad social de estos dibujos animados, sobre todo de Bob.

-“¡Papá! ¡Mira! ¡Bob Esponja!”

Me dije: “por una vez… peor será cuando sea algo más mayor y quiera tatuárselo en vete-tú-a-saber-dónde”. Si todavía me quedase alma, estaba a punto de precipitarse hacia las antípodas. ¡Descarriados de 4 años de España! Mentes superiores decidieron que ¡no podéis llevar calzoncillos de Dora! Arrepentíos y contemplad sólo la columna de calzoncillos de Spiderman. Niñas marimachos, ¿cómo osáis pretender a la esponja! ¡No existen bragas con Bob! ¡Sólo las rosas de Dora marcan la corrección!

Nos han vencido, pensé.

“Ya se le pasará, todas hemos pasado por la etapa rosa”, me decía el otro día una madre, muy sonriente, en un parque. Su hija llevaba chándal rosa, calcetines fucsias, unas zapatillas rosas con destellos luminosos intermitentes rojos, dos coletas sujetas con gomas rosas, estaba comiendo “nubes” y tenía aparcada su bici rosa, de flecos rosas, como lo llevan en negro algunos moteros en sus Harleys, y pegatinas de cuatro princesas Disney sobre el guardabarros. Estudió “económicas” y aparcó su carrera profesional para cuidar a sus hijos. “Cuando sean mayores haré un máster”. ¿Por qué ella y no su pareja? “Mi chico cobra algo más y, puestos a prescindir, es más probable que sea de mí que de mi chico. Es ingeniero”, explicó. “Trabaja como contable”, aclaró en voz baja.

Según el rol clásico que ha viajado hasta nuestros días asociado comercial y socialmente a las princesas, éstas deben ofrecer a sus príncipes un gran atractivo sexual, un sacrificado conocimiento de las labores hogareñas y desear y saber cuidar hijos. Estos dones serán intercambiarlos por un rescate, que consolidarán para siempre mediante una boda.

“Hola cariño, ¿qué tal Jordi?” Aparece en escena el ingeniero. Su otro hijo se sienta pesadamente en el banco, mirando con desgana hacia el infinito. Inventándose energía le dice “¡venga machote, te echo un pulso! A ver si me ganas”.

Amor por honestidad

Es curioso porque, por ejemplo, en el cuento original de Cenicienta parece ser que el príncipe se enamora de ella por su honestidad, no por su belleza. “¡Ay, mi princesita, que es la más guapa!”. A nadie se le ocurre utilizar otro tipo de calificativos, como “la más fuerte”. Nuestro amigo Disney manipuló sus productos inteligentemente con criterios de marketing que se ajustaban como un guante al sesgo machista de la sociedad. Los niños y las niñas, en general, aprenden a desear reproducir el modelo que representan sus padres. Las niñas querrían ser un producto deseable por un macho útil que las estabilice. Walt Disney nos dio lo que habíamos aprendido a desear[1]. Los efectos de este modelo todavía nos rodean. Recuerdo a la encantadora Riley[2] de 4 años, que se preguntaba ante su padre: “si los niños quieren comprar cosas rosas, pueden, ¿verdad? Así que ¿por qué todas las chicas tienen que comprar las princesas?” o “¿por qué las empresas tratan de engañar a las niñas para que compren cosas de color rosa en lugar de las cosas que los niños quieren comprar?”.

A casa de los abuelos

Un miércoles, época navideña, vamos a casa de los abuelos (o tíos o bisabuelos o vecinos…). Comentamos lo sorprendente de la decoración navideña (“¡Eh! ¡Este año habéis puesto el árbol en la otra esquina del recibidor!”).

-“¡Pero qué princesita más guapa!”. No podemos evitar tanta inercia comercial.

Queda libre el acceso al salón, centro de la vida. Allí descansan los mandos del universo y las revistas. El cerebro de Pandora ha desviado la energía a sus escudos, como la nave Enterprise, para focalizar su mirada en el catálogo de juguetes que envenenó el periódico el sábado. Todo sucede deprisa ante mí, sin que me dé tiempo a reaccionar. La abuela/tío/vecina se acerca a la mesa, coge uno de los mandos y enciende la televisión.

-“Mira papá, ¡Dora Exploradora!”.

Vaya. Me han vencido otra vez.


[1] El marketing de Disney ha hecho evolucionar recientemente a sus princesas, que pueden ir de verde, ser intrépidas, protagonistas, líderes, fuertes, inteligentes, etc. Un ejemplo fácil es Mérida (Brave, 2012) y otro la nueva Blancanieves (Mirror Mirror, 2012).

[2] En Google pongan “youtube Riley pink”.


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Comentarios (11)

  1. Pablo dice:

    Buaaaaaaaa!!!!!! Buaaaa!!!!! :(

  2. Pablo dice:

    uaaaaaaaa!!!! Buaaaa!!!

  3. Albicuqui dice:

    Soy mujer, madre, trabajadora y detesto el rosa, morado y similares.
    Me las vi me las deseé para encontrar ropa roja, amarilla… para mi niña. Le compré la bici de niño, sorteo a diario a las princesas Disney y a la Barbie (lo peor de lo peor) y aún así no puedo evitar algún regalo maldito!!! Pero se me llena la boca si digo que el color preferido de mi hija, a los 8 años de edad, el el AZUL. Todo un logro….

  4. Josemi68 dice:

    Hola Saúl,, ¿¿Pero es que de verdad en algún momento pensaste que no iban a vencer??? No se puede subestimar el poder del Rosa,,,. Y si además el mundo es Gris y esta lleno de matizes grises .Mira para otro lado , ignora y piensa a largo plazo.. Sólo así vencerás.Un abrazo

  5. tirihp dice:

    He de decir que mis hijOs tienen un bebé con carro que es causa de disputa continua…Y calzoncillos en los que salen todos los personajes de diferentes pelis: incluidos niñas con coletas, junto a monstruos azules, cierto es…Y cocinan y me peinan…y juegan a piratas! Pero haré todo lo que esté en mi mano porque no reorienten su vida hacia lo que les toca…: con un eslabón en la familia que lo sufrió es más que suficiente!!

  6. Elena dice:

    Estoy bastante de acuerdo en lo que dices, el universo nos boicotea a cada momento, inevitablemente mi hija juega con muñecas (¿hay algo malo en qué lo haga?), se muere de envidida cuando me ve pintarme los labios y es piropeada mil veces al día como “preciosa, princesa, muñeca..” aunque también es mucho más bruta que su hermano, al que un día de estos apuntaré a danza, porque le gusta mucho. Esto es lo que comentábamos mi marido y yo mientras, juntos, preparábamos la cena.

  7. vita dice:

    No soy madre pero he sido niña, y creo que en la variedad está el gusto. No tiene nada de malo el rosa para una niña, ni para un niño… sino las connotaciones que eso acarrea… la ignorancia de la gente que hace del rosa un color de nena y del azul uno de nene… absurdo para estar en pleno siglo XXI, no os parece? y si…. Disney es terrible, no dejeis que se queden con la fantasia de que el cuento termina cuando se casa la princesa… no va a traumatizar a vuestros hij@s, pero en algún punto de su vida se van a dar cuenta del engaño en el que todos crecemos…
    Para mi es fundamental abrirles la mente desde pequeños. Me parece un artículo muy acertado y da esperanzas de que quedan padres concienciados con la educación de sus hijos… enhorabuena!

  8. JOSE RAMON dice:

    Saul:

    En la sociedad de consumo en la que vivimos y que alimentan todos los medios de comunicación, no puedes privar a ningún niño de sus preferencias a la hora de elegir juegos o colores.

    Los niños en cada edad, tienen unos estímulos que les condicionan en sus gustos, pero afortunadamente a medida que su personalidad se desarrolla, ellos serán capaces de elegir y eso es lo importante, que les facilitemos el llegar a criterios propios en todos los campos, no condicionando les con nuestros propios gustos o preferencias.

    Acaso, si la vida la formaran los colores, serias capaz de privarles de uno de ellos………, creo que no.

    Así que Saul, no te consideres vencido, lucha cada batalla que el día a día nos exige en la educación de los hijos y eso nos hará mejores tanto a ellos como a nosotros.

  9. Blank dice:

    Muy buen artículo Saúl. Es curioso como ya desde pequeños se nos marca lo que debemos elegir y los roles que debemos seguir. Esperemos que poco a poco podamos ir venciendo estas barreras, concienciando a la gente de que no tiene porque seguir el camino que la sociedad consumista en la que vivimos les marcan. Y el primer paso de esta concienciación está en los padres, quizás así consigamos que las futuras generaciones sean más libres de lo que nosotros lo hemos sido.

  10. sul dice:

    La nueva Barbie mejicana, según Mattel: “Con un diseño inspirado en mariachis y marimbas, ella está lista para cualquier fiesta. La muñeca lleva un vestido rosa. Incluye pasaporte, estampa del país, un Chihuahua y un cepillo”… qué tía, quedáos tranquilos en EEUU, que no es ilegal y puede viajar sin tener que arrestarla y deportarla. Por lo visto, la Barbie alemana viene presentada en una casa de 2.750 m2 y armarios repletos de vestidos y una estupendísima cocina donde cocinar desde unos tacones supersanos.
    Ahí queda fabricado por nosotros el sueño de nuestras niñas. Una soga al cuello que les ponemos, extensión de la soga que nos pusieron y que seguimos llevando.
    http://blogs.elpais.com/mujeres/2013/04/pesadilla-en-rosa-sexismo-racismo-o-campa%C3%B1a-publicitaria.html

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