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Morena, el ‘alien’ insular

l malencarado animal guarda su cueva como si fuera la última bajo el mar. No la abandonará salvo por fuerza de causa mayor, para cazar, ya por la noche, protegida por las tinieblas de las que parece haber surgido este ser: la morena (Muraneidae).

Había que ser muy socarrón, muy atlántico y muy canario, había que pasar muchas horas en la marea para inventar el método perfecto para engatusarla y llevarla del océano a la mesa. Al pescador y a las pescadoras de Canarias se les ocurrió cantarle, atraer al monstruo de fauces amenazantes con cantos de sirena. Ésta ha sido una de las técnicas para ‘moreniar’ desde hace siglos,

Orchilla, el fin del mundo

n lo que una vez fue el fin del mundo brilla una luz. El Faro de Orchilla (El Hierro, Canarias) se levanta al borde de dos mares. Uno es el Atlántico. El otro el océano de lava que dio lugar a la propia isla, el confín terrestre hasta el descubrimiento de América.

Tenía que ser el volcán el que extendiera su manto de lavas para servir de base a un faro mitológico. No podía ser de otra forma. Pasado este punto, principio y fin de las cosas, los marineros temían abismos sin fin, monstruos de pesadilla, tormentas eternas.

La

Caboso a babor

esulta difícil olvidar la mirada de un caboso, ese pez rechoncho con aire de actor secundario venido a menos. Acostumbra a aposentar su ser sobre las rocas, justo donde el agua besa la orilla y es el menos aerodinámico del vecindario. Y lo asume. A veces no se mueve en horas. Justo hasta el momento en el que algún ser humano ávido de paraísos se zambulle de golpe en las aguas cristalinas donde habita este pez pacientoso que siempre aparenta más edad de la que tiene. Allá, en Los Charcones (Lanzarote, Canarias), el Atlántico muestra sus ojos de tonos azules y