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Morena, el ‘alien’ insular

Morena, el ‘alien’ insular
Fotografía de: Philippe Guillaume
Manjar para los romanos y hermoso ser de pesadilla, el pescador canario encontró un método increíble para darle caza

E
l malencarado animal guarda su cueva como si fuera la última bajo el mar. No la abandonará salvo por fuerza de causa mayor, para cazar, ya por la noche, protegida por las tinieblas de las que parece haber surgido este ser: la morena (Muraneidae).

Había que ser muy socarrón, muy atlántico y muy canario, había que pasar muchas horas en la marea para inventar el método perfecto para engatusarla y llevarla del océano a la mesa. Al pescador y a las pescadoras de Canarias se les ocurrió cantarle, atraer al monstruo de fauces amenazantes con cantos de sirena. Ésta ha sido una de las técnicas para ‘moreniar’ desde hace siglos, y una de las más efectivas según cuentan los que saben.

“Ven morenita pinta, que viene el macho y te come la carnada”, “jooo, morena, jooo…”, “al pulpo…” Cantar de todo y sin dejar de silbar hasta que la adormecida morena abandonaba su cobijo entre las rocas y un nudo corredizo de alambre dibujaba un círculo mortal en la base de su cabeza.

Desde el siglo XVI

Así, con cantos, silbos y rimas, fue como los pescadores vencieron la fuerza de las mandíbulas de las morenas. Así lo atestiguan crónicas históricas, como las recogidas en el siglo XVI en ‘Una relación inédita de las Islas Canarias’ (Museo Canario): “Állanse morenas negras y pintadas, que se llaman y pescan silbando y diciéndole a voces ‘cata el pulpo’, de que ellas apetecen y gustan mucho”.

Negras, pintadas y machos, de bajura y altura, las primeras con fama de más sobrosas y con menos espinas. Los romanos más adinerados las criaban en viveros para los banquetes de las grandes ocasiones y en tiempos de Julio César se llegó a dar un banquete para 6.000 personas a base de morena. Muchos esclavos y cristianos sirvieron de alimentos para estas fieras submarinas. “A la morena”, decían los desalmados.

Ración de mordeduras

A todos aquellos desalmados y desalmadas que en la historia ha habido -y hay- les recetaríamos una ración de mordiscos de morena. Un estudio publicado en 2007 en la Revista Nature probó que posee una doble dentadura, un juego de dientes interno similar al del inefable bicho de la película ‘Alien’.

La morena, por tanto, no habita solo en las aguas subtropicales de las islas. Lo hace también en su historia, en su leyenda, en canciones de Los Sabandeños (El pescador de morenas) y el grupo Artenara (El canto de la morena), en su gastronomía, en sus sueños y en alguna pesadilla.


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