Belén Esteban y las cosas de los políticos
- "Nos hemos acostumbrado a dramas que nos parecían impensables"
El autor del artículo sostiene que “ya no nos sublevamos con la misma fuerza que al principio de la crisis”.
Un artículo de Octavio Caraballo
Llevamos casi seis años hablando de lo mismo. Las historias se repiten, los personajes apenas han variado y los escenarios que visualizamos a través de la televisión forman ya parte de nuestras vidas. Encendemos la radio y poco o nada de lo que oímos nos sorprende, casi todo nos resulta familiar. Abrimos los periódicos y nos parece que las noticias que ojeamos ya las habíamos leído antes. De la caja tonta, mejor no hablamos.
La crisis económica es el argumento de casi todas las historias que acontecen a diario. Conocemos casi todos los detalles: sus consecuencias directas, sus efectos colaterales, sus víctimas, los relatos personales más dolorosos y sus secuelas en las calles por las que paseamos.
Airados periodistas
Conocemos los puntos de vista de los contertulios de las emisoras de radio y de los airados periodistas y especialistas de “absolutamente todo” que se desgañitan en los platós de televisión. Leemos con fervor a aquellos columnistas con los que empatizamos y pasamos la hoja del periódico cuando nos tropezamos con un articulista que piensa todo lo contrario que nosotros.
Los personajes son casi los mismos que hace veinte años. Hay nuevos rostros, otros que se reinventan, unos que hoy están en la oposición y mañana en el gobierno, empresarios que aparecen y desaparecen, banqueros que tratan de ocultarse para no ser señalados y sindicalistas que viven inmersos en un profundo debate interno sobre cuál debe ser su papel
El señor del plasma
Contamos con un Rey que se niega a ceder el trono a su propio hijo; con un presidente que sólo se siente seguro a través de una tele de plasma; con un ex tesorero de un partido que, tras haber reconocido su culpa, sigue amenazando con seguir tirando de la manta y acabar con su propio partido; con un Gobierno que, sin ruborizarse, hace todo lo contrario de lo que prometió y con una ciudadanía que, harta, se queja de tanta mentira, pero no se rebela.
Cansados de tanta realidad, muchos han optado por refugiarse en la telebasura para vivir un paréntesis en sus vidas a través de las historias que otros cuentan sin pudor ante las cámaras. Historias de personajes que airean sus trapos sucios en programas con audiencias millonarias; que recurren insistentemente a los insultos y a los descalificativos personales en una guerra sin fin para ver quién es el más grosero, el más chabacano y el más vulgar.
Dramas impensables
Y así transcurren nuestros días. Nos hemos acostumbrado a convivir con dramas que hace apenas unos años eran impensables. Las realidades que se repiten nos han adormecido y actuamos como si estuviésemos anestesiados. Ya no nos sublevamos con la misma fuerza que al principio de la crisis. Las respuestas ciudadanas a nuevos recortes ya no son contundentes como antes.
Y mientras la oleada de ajustes continúa y volverá a repetirse en 2014, millones de personas viven pendientes de los minutos que restan para que Belén Esteban vuelva a reaparecer en el programa “Sálvame”. El resto, son cosas de políticos.

