Cristina y el bicho
La artista conejera Cristina Marsoc crea su universo artístico con el tinte de la cochinilla, un cultivo que forma parte de la historia de Lanzarote y Canarias y que ella trata de reverdecer con su labor.
Brote de esperanza
Los paisajes de Guatiza y Mala, en Lanzarote, son un testimonio de aquellos tiempos en los que la cochinilla se convirtió en una próspera fuente de ingresos para la isla. Luego llegaron los tintes sintéticos y se acabó la fiesta del bicho. Hoy en día, los tabobos y las aulagas crecen entre las tuneras, metáfora del declive del cultivo. Pero donde hay personas como Cristina crece siempre una esperanza.
El sueño
Las creaciones de Cristina parecen crecer de la misma tierra donde hunden las raíces las tuneras. Su sueño es ver recuperado el esplendor de los campos de cochinilla, rescatar los usos de su tinte y reanimar la vida en los campos de tuneras, el reto de la Asociación Milana, con la que colabora estrechamente. La tinta del mágico bicho se ha utilizado en cosmética o como colorante alimentario en refrescos y yogures. Sirve también para tintar tejidos y, desde luego, para alumbrar sobre el lienzo las ideas y sentimientos de Cristina, emperatriz de la tunera, servidora del arte.

