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Biografía de una factura

  • El autor nos adentra en los cenáculos (y desayunos) del poder real

Un relato para saber algo más de las relaciones entre instituciones y empresas.

Un texto de SAÚL ORTIGA

(Los personajes y escenas de este artículo son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia)

“Pídele factura, Adelaida”. Sonrió condescendientemente. Era su jefe, pero su edad me duplicaba en experiencia. Del archivo de una esquina de su pequeño despacho sacó un papel pequeño, que me tendió. Estaba escrito con máquina de escribir, con un look anticuado, ahora tan de moda. La tipografía Times, con los defectos de tinta tan particulares de cada máquina que son como su huella digital, revelaba: “Abonos de sombra fila 13ª del 9 a 3.000,00×2= 6.000,00, Total euros 6.000,00”. Más abajo, la fecha y una firma anónima, formada sólo por un par de iniciales temblorosas. No encontré el IVA especificado por ningún sitio. Lección exprés, en menos de 1 minuto se rellenaron seis mil renglones en mi tabula rasa personal. Acababa de aterrizar en mi primer contrato grande como jefe de servicio y, verde como el mojo de cilantro, todo lo aprendía sin anestésico.

El día anterior me habían presentado a Ramiro, primer contacto en la jerarquía de aquel ayuntamiento. En ese instante, el técnico se encontraba sentado en su despacho, observando atentamente el tríptico informativo con las 29 primeras corridas de toros. Lápiz en ristre, apuntaba las fechas de los mejores matadores. Lo siguiente sería empuñar el teléfono y pasar la mañana charlando amigablemente con todos sus acompañantes. Este rato era uno de los dos que formaban su extraoficial jornada semanal de trabajo.

Viudo

El otro ratito laboral consistía en una breve reunión semanal en la sede del ayuntamiento, donde ni siquiera tenía una mesa asignada. El resto del tiempo lo dedicaba, sobre todo, a sus dos novias. Recién viudo, sólo ralentizaba su ritmo de vida cuando le hacían las pruebas anuales. Había superado un cáncer y debía pasar desapercibido ante sus hijas.

A pesar de sus 65 años, su actividad sexual era sorprendente, aunque algo cara. Se cansó de tener que inyectarse un vasodilatador en el pene cada vez que estaba con prostitutas y terminó operándose. Me contó los detalles, pero sólo recuerdo que podía conseguir su erección a voluntad apretando en algún sitio de la zona y desinflarla presionando en otro. Sin duda fue una operación costosa, pero tenía claro que la vería rentabilizada. Además, el sueldo que por su labor en el ayuntamiento generosamente le pagábamos los vecinos del municipio a través de nuestros impuestos cubría sobradamente el montante.

Desayuno incluido

En aquellas visitas semanales le invitábamos a desayunar, leía todos los periódicos, escuchábamos sus opiniones y le hacíamos cuantos favores pidiera, en ese momento o durante la semana. Sirva como ejemplo del día a día, el beneficio de parar nuestro trabajo para encuadernar de forma bella un gran número de copias de partituras originales, disfrutaba mucho la música clásica. Los costes no eran problema. Él se dejaba querer pero también manipular según nuestros intereses. Raras son aquí las sonrisas gratis.

También le invitábamos a comer ostentosamente con cierta frecuencia y nos quedábamos con él a las copas, que podían alargarse hasta lo insoportable. Cuando todos estábamos agotados, para él la noche acababa de empezar y seguía por su cuenta, ya que durante mi mandato no hubo acompañamiento para sus actividades con prostitutas. Tenía un coche que pagaba la empresa, elegido por él pensando en que lo mismo luego podría regalárselo a alguna de sus hijas, pero tenía el detalle de no conducir en esas noches de juerga, debido al estado de embriaguez.

Sin anestesia

Al menos en dos ocasiones al año, verano e invierno, también nos acompañaba Joaquín, el jefe de mi jefe, a estas comidas. Éste había visto recientemente muchos capítulos de la serie Los Soprano y sólo hizo mejorar su ADN: era como un cirujano que te opera de amígdalas sin anestesia y le preguntas cuándo va a empezar cuando en realidad ya ha acabado. Había un momento de la velada en el que Joaquín desaparecía con Ramiro. Cuando volvían, muy sonrientes y hablando de algo venial, había un sobre que había cambiado de chaqueta, visto y no visto. En ese momento se cerraba el círculo mágico, aparentemente muy complejo pero, en realidad, muy simple.

Los ciudadanos pagan impuestos, los ayuntamientos reciben el dinero y sacan contratos mediante concursos a los que las empresas se presentan. Gana la mejor  y comienza su gestión del contrato a cambio de dinero, que cubre los gastos propios del contrato, separándose un razonable margen de beneficio. En los gastos propios del contrato se encuentran los gastos de representación, donde van comidas, copas y agasajos justificables mediante tickets y, por otro lado, corridas de toros, sobres, etc. que han de pagarse en dinero negro.

Esa oscuridad surge mediante la generación de facturas falsas por trabajos inexistentes. La empresa concesionaria saca esas facturas de las empresas pequeñas, tácitamente a cambio de seguir contando con sus servicios. Por último, los miembros del ayuntamiento que participan de este sistema procuran que las mejores puntuadas en los concursos sean aquellas empresas grandes que con gran esmero les miman.

Lo que hay que hacer

“Tú lo que tienes que hacer es redactar un pliego que se ajuste a tu anatomía como si fuera un guante”, me dijo sonriente Don José Pascual, exjefe de Ramiro, recién jubilado a los 67, en la sobremesa de una comida en la que homenajeaban a uno de los técnicos del departamento del que dependía este contrato. Éste también formaba parte de la maquinaria. Sirva el siguiente ejemplo para hacer un retrato rápido: teníamos suscrito un contrato anual con una empresa de tratamiento de plagas para tratar el problema de cucarachas que tenía este jefe de Ramiro en su chalet del extrarradio. Este gasto formaba parte de los costes anuales de este servicio municipal, cuyo presupuesto estaba cubierto con los impuestos de los ciudadanos. De forma indirecta, eran los ciudadanos del municipio los que le pagaban el tratamiento contra las cucarachas del chalet a este señor. Y Joaquín, el actual exjefe de mi jefe, también desaparecía en alguna comida conjunta, un par de veces al año, para reaparecer blandiendo su mejor sonrisa junto a Don José Pascual, satisfecho con lo justa que es su recompensada vida.

“Ay, cariño, cógeme un paquete de folios de tu trabajo, que se me han acabado en casa. ¡Ah! También bolis negros, que se los llevan siempre mis clientes”. Y es que hasta la mayor de las pirámides empezó con la contribución de un inocente granito de arena.


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Comentarios (13)

  1. miguel laguna dice:

    Los personajes y situaciones serán ficticios, pero es la pu(r/t)a realidad.
    Muy bueno

  2. Atalanta dice:

    Hummmm…¡Qué buen relato, Saúl! Me gusta tu estilo, directo, llano, pero mucho me temo que lo que cuentas no es tan ficticio…Y tienes razón, no nos damos cuenta de que las pequeñas picardías que acometemos diariamente y de primeras, tan inocentonas, son una simiente muy emponzoñosa…

    • Guest dice:

      Muchas gracias, “Atalanta”, esa es la idea. Efectivamente, cualquiera que haya experimentado entornos parecidos, conoce este tipo de cosas.

    • Saúl dice:

      Muchas gracias, Atalanta. Efectivamente, cualquiera que haya experimentado un entorno similar sabe que esta realidad siempre supera a la ficción. Un abrazo.

  3. Josemi dice:

    Muy bueno Saul. Aviso para navagentes y marinos españoles en busca del dorado. Toda piramide como es lógico ; se construye de abajo hacia arriba, es decir; desde la base…… Pero funciona de arribaaaaabajo. Felicitaciones

  4. Jo, impactante y demoledor. Si no te importa lo paso por aqui entre los alemanes que aprenden castellano y se interesan por lo que pasa en Spanien. Este relato refleja bastante bien porque hemos llegado a esta situación. Muchas gracias por compartirlo. Espero mas relatos. Saludos desde Stuttgart

    • Saúl dice:

      Claro, divúlgalo todo lo que quieras, es un honor. So ist Spanien! Schon bald revolutioniert (no me responsabilizo de la traducción). El redactor jefe de este Diario es una gran persona, ahora que no me oye, así que algún relato yo creo que habrá. Eine Umarmung!

  5. Saúl dice:

    No sé si sobra decir, que también hay muchísima gente de primera calidad en ese mundo, en ambos lados de “la fuerza”, público y privado, gente que rechaza ser invitados por nadie o que se le envíe una cesta por navidad, etc. porque no les parece ético. Son ellos los que dan luz a un mundo en el que espero que cada vez esté más iluminado.

  6. nuba_aire dice:

    SAÚL, NO SABÍA QUE INTERPRETABAS TAN BIEN TU VIDA, COMO LA VIDA MISMA,,,

  7. Marce dice:

    Muy bueno Raul, de ficticio poco y de real mucho en el mundo mundial existe esta triste realidad tambien, pero a veces, muy pocas la realidad se llena de luz y se ilumina un poco con la fantasia de que quizas ????
    !!! besos desde Argentina, Marce

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