Home » Canarias » Fuerteventura: la cara oculta de la Biosfera

Fuerteventura: la cara oculta de la Biosfera

Fuerteventura: la cara oculta de la Biosfera
Fotografía de: Carlos de Saá

Un recorrido por el paisaje desnudo y bello de Fuerteventura (Canarias) y los ropajes no siempre apropiados que le ha colgado el ser humano.

Un texto de Juan Darias
Fotografías de Carlos de Saá

S
ilencio, viento, horizontes. Llanos, montañas, barrancos. Tarajales, cardones, tabaibas. Avutardas, pardelas, tabobos. Pueblos, arqueología, costumbres. Gentes, cabras, gavias. Sol, playas, muchas playas, de arena negra y blanca. Son muchos los elementos que se podrían asociar con Fuerteventura. Todos ellos elementos explotados por la Reserva de la Biosfer­a, esa etiqueta que acompaña el nombre de la isla desde hace unos años y que deja entrever sólo una parte de la realidad insular.

Si se tiene la actitud y aptitud para observar, la conclusión es clara: la naturaleza hizo un buen trabajo con Fuerteventura. Se podrían llenar páginas y páginas enumerando los valores que alberga de norte a sur, así como los matices que se esconden tras un paisaje árido, hijo de una climatología no siempre tan benigna como les hubiera gustado a los majoreros. Toda una riqueza paisajística que, no obstante, también tiene sus sombras, fruto de la acción u omisión de políticos y especuladores.

La isla posee una riqueza paisajística que, no obstante, también tiene sus sombras, fruto de la acción u omisión de políticos y especuladores.
Comienzo del viaje: el norte

Fotografía de Carlos de Saá en Fuerteventura, Canarias.

 

El viajero que pretendiera hacer un viaje por Fuerteventura de norte a sur tendría dos caminos para salir de Corralejo:

Ruta uno: utilizar la carretera que atraviesa el Parque Natural de las Dunas. Dentro de la zona de protección se pueden contemplar: los hoteles Oliva Beach y Tres Islas, dos moles en primera línea de playa, testigos visibles del desarrollismo tardofranquista; las dunas agonizantes por la falta de aportes nuevos de arena –un daño colateral del desarrollo urbano de Corralejo–; y si mirara a la derecha, hacia las montañas que bordean las dunas, podría observar los restos de algunas obras inconclusas, varados en mitad de paisaje como vestigios de un viejo barco que nunca debió estar ahí. No es un espejismo, es el comienzo de lo que iba a ser uno de los proyectos de Martinsa-Fadesa en Fuerteventura (La Oliva Casas & Golf) y que quedó paralizado cuando el gigante inmobiliario entró en concurso de acreedores allá por el 2008.

Fotografía de Carlos de Saá en Fuerteventura, Canarias.

 

Ruta dos: salir del antaño pueblo marinero a través de la carretera del interior. Tras contemplar el resultado del plan parcial del entorno del Morro Francisco y sortear las obras de la futura autovía que recorrerá la isla de norte a sur, a mano derecha el viajero encontraría La Capellanía, una urbanización creada ex novo en medio de un malpaís; y casi a la misma altura, pero en un punto lejano a la izquierda, se podría ver nuevamente una panorámica del mencionado proyecto de Martinsa-Fadesa.

En esta segunda ruta, merece la pena hacer un pequeño rodeo y acercase a Majanicho, para vislumbrar Origo Mare, el sueño faraónico de Nombredo, la empresa promotora de la urbanización. Una urbanización gigantesca, ubicada en un malpaís virgen hasta ese momento y amparada en un plan parcial que fue declarado nulo por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias y cuyo fallo fue ratificado por el Tribunal Supremo el pasado febrero. Una pesadilla urbanística que ahora quiere reconvertirse en hotel de lujo con la connivencia del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Fuerteventura y el Ayuntamiento de La Oliva.

Carlos de Saá.

 

Posteriormente, conviene volver a Lajares y seguir hasta El Cotillo, para ir luego hasta el faro, en el extremo noroccidental de Fuerteventura. Aquí se aprecian los restos del plan parcial SAU 8 Costa del Faro, que fue declarado ilegal por los tribunales y del que sólo quedan una carretera, unas cuantas farolas y los rastros de los movimientos de áridos. En la lucha contra dicha urbanización se implicó una buena parte de la sociedad majorera y canaria, y hasta el mismísimo José Saramago prestó su apoyo para la que, sin duda, representa una de las mayores victorias, hasta la fecha, del movimiento ecologista en Fuerteventura.

Si se vuelve atrás y se sigue hacia Tindaya puede contemplarse la famosa montaña homónima, un espacio amenazado por el Proyecto Monumental de Chillida. Un proyecto de sobra conocido, apoyado por los diferentes grupos políticos, pero que cuenta con una fuerte oposición entre la sociedad majorera.

Imagen de Carlos de Saá en Fuerteventura (Canarias).

En ruta: el centro

En este viaje a salto de mata por las sombras del paisaje majorero, conviene detenerse en Caleta de Fuste, El Castillo para los majoreros, o Costa Caleta para los promotores turísticos. En lo que antiguamente era la Playa de La Guirra y aledaños, se suceden las playas artificiales, hoteles, un casino y hasta dos campos de golf. En una isla condenada a la sequía, miles de metros cuadrados de verde irlandés sorprenden a majoreros, visitantes y hasta a las cabras, a las que se les hace la boca agua desde la distancia.

Ya hacia el interior, los grandes llanos se han ido poblando de casas fabricadas a imagen y semejanza unas de otras. En Tefía, Tesjuate o Los Llanos de la Concepción los promotores aprovecharon los resquicios legales de la ordenación insular. La fórmula era sencilla: una parcela de al menos 10.000 metros, acceso a un camino y la red de abastecimiento de agua y luz. Y así fueron surgiendo como un sarpullido en zonas que durante siglos fueron territorio de cabras y pastores, porque el azote de los alisios las convertían en terrenos más aptos para alcogidas de gavias y aljibes que para vivir.

El sur: llegada a destino y partida

Tras el viaje finalmente se llega al sur, en la que varios hitos en la degradación paisajística jalonan la visita. Entre lo más llamativo, las urbanizaciones a medio construir en los barrancos de Los Canarios y Del Mal Nombre. Los esqueletos de lo que iban a ser hoteles y los trazos de las calles dan fe de la confluencia de intereses entre el Ayuntamiento de Pájara y las empresas constructoras y turísticas, cuyos planeamientos los tribunales se encargaron de anular. No en vano, el sur cuenta con uno de los pocos casos de condena por corrupción a un político majorero. Y es que el exalcalde de Pájara y actual concejal de Economía y Hacienda, Ignacio Perdomo, fue condenado en 2013 a un año y seis meses de cárcel y nueve años de inhabilitación por un delito contra la ordenación del territorio. Una condena ya ratificada en firme por la Audiencia Provincial, pero que no ha impedido que Perdomo aún continúe aferrado al poder.

Imagen de Carlos de Saá en Fuerteventura (Canarias).

 

El viajero partirá de Fuerteventura, finalmente, tras recorrer el cara y cruz del paisaje majorero: dotado sobremanera por la naturaleza y maltratado por los planeamientos urbanos y el desarrollo económico. Habrá visto lo mejor y lo peor de una isla que, a pesar de todo, tiene mucho de lo que presumir aún. Porque, de momento, los tribunales y la crisis mantienen a raya a los especuladores y a los majoreros, tanto de nacimiento como de adopción, expectantes y vigilantes ante las próximas luchas que les tocará librar en defensa del patrimonio natural. Y, sin duda, el viajero se marchará con la sensación de haber visto la cara oculta de una Reserva de la Biosfera que debería ser algo más que una etiqueta para la promoción turística.


Más noticias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>