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Vinos canarios: islas embotelladas

Vinos canarios: islas embotelladas
Fotografía de: DA

Hacer vino en Canarias siempre da lugar a historias de personas y paisajes. Hoy nos adentramos en una de esas vidas embotelladas.

Por Ernesto Luna

Drago en La Florida (Lanzarote, Canarias).

Drago en La Florida (Lanzarote, Canarias).

É
ste es el drago más antiguo de Lanzarote y uno de los más viejos de Canarias. Muchos de los dragos que crecen por la isla son descendientes suyos. Hunde sus raíces en la tierra desde hace casi tres siglos. En ese tiempo ha visto prácticamente de todo. Ahora amanece cada mañana al pie de un sueño.

El drago preside la entrada a Bodegas La Florida, un lugar que ofrece también un viaje a las entrañas del volcán y a la historia misma de Lanzarote, escrita como se sabe con letras de fuego, las únicas que no ha podido llevarse el viento. Junto a la bodega serpentea lo que un día fue un río de lava que dejó tras de sí un jameo, como si fuera el eco petrificado del volcán.

La finca es un gran museo natural para vivir una experiencia volcánica donde las parras se hermanan con el aloe vera, con las lajas volcánicas, la brisa y el líquen. La naturaleza nos habla con su lenguaje: el silencio. ¿Tienen unos minutos? Si es así, aprétese los cordones de los zapatos, sienta bajo sus pies el crujido del rofe y adéntrese con nosotros en La Isla Posible.

La naturaleza pone las condiciones para que el ser humano pueda echar a volar sus sueños y anhelos y convierta las utopías en realidades. Bodegas La Florida sería imposible sin la magia de la naturaleza insular, pero tampoco existiría sin la pasión de la que a veces son capaces los humanos. El proyecto es una simbiosis de ambos factores que cristaliza finalmenta en un mundo lleno de aromas y matices que, sin embargo, cabe en una copa.

 “Hay un libro abierto siempre para todos: la naturaleza” Jean Jacques Rosseau (1712-1778). Filósofo y naturalista. 

En este lugar, el vino ha bebido del viento, del calor de la tierra, de los colores y texturas de la piedra y también de los deseos y desvelos de las personas que lo han hecho posible. Los vinos de La Florida son los nuevos habitantes del corazón de La Geria y nos hablan en un idioma que somos capaces de entender porque el vino tiene el color de nuestra sangre y la transparencia de nuestros pensamientos. Por eso ser bodeguero se parece en cierto modo a embotellar la propia vida.

La bodega está hecha de pasado, de presente y, sobre todo, de futuro. La Responsabilidad Social se asoma al jameo en la forma, por ejemplo, de botellas con etiquetas en Braille, el lenguaje de los invidentes. De este modo, el vino habla para todo el mundo. Se trata de un gesto más dentro de una política que persigue la máxima accesibilidad en todas las actividades de una bodega que, como hecho curioso, ofrece la posibilidad de un masaje con una envoltura de aloe vera recién cortado.

La casona señorial, bellamente restaurada para que el ayer tenga un digno presente, incluye las modernas instalaciones donde se almacena y trata el vino y una tienda gourmet con productos de la tierra y de otra isla posible. Según se cuenta, la casa perteneció en su día a Luis Ramírez, que en su testamento la donó a unos monjes a condición de que lo que sacaran por la explotación de frutales y viñas se destinara a financiar los estudios de los jóvenes del pueblo de San Bartolomé (Lanzarote, Canarias). Ya entonces existían constructores de otras islas posibles.

“In vino veritas” (En el vino está la verdad). Plinio El Viejo (Escritor y naturalista latino del siglo I). 


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