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Desahucios: Inútiles o secuaces

  • El fallo del Tribunal de la UE arroja más sospechas sobre el papel de la política
Desahucios: Inútiles o secuaces
Fotografía de: Daniel Lobo

La sentencia del Tribunal europeo pone en entredicho el papel que juegan las administraciones y cargos públicos que deben velar por los ciudadanos.

Un infierno cabe perfectamente dentro de un sobre. Lo demuestran las cartas de los juzgados que anuncian los desahucios. Decenas de miles de ellas han marcado el fin de la vida tal y como la conocían para decenas de miles de familias españolas desde el inicio de la crisis. “Es la Ley, no se puede hacer nada”, decían los sostenes del orden, aquellos que se hacen abluciones mañaneras con la Constitución, hombres con corbata, mujeres con traje de corte Chanel, aquellos que defienden que España es un Estado de Derecho como Dios manda, que aquí hay seguridad jurídica. “No como en Venezuela, hombre, esto es un país serio…” Y las cartas y su contenido abismal seguían circulando por esta nación tan bien sustentada sobre sólidos principios legales. “Es la Ley…”

¿La Ley? El Tribunal de Justicia Europeo dictaminó la semana pasada que la legislación española que regula los desahucios no se ajusta a la normativa comunitaria. La directiva a la que alude el Tribunal data de 1993. Esto significa que durante dos décadas el Gobierno español no se ha molestado en acompasar la Ley española a la europea en un asunto tan sensible, como se ha demostrado tras el violento pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Tanto para nada

Durante esos veinte años se han sucedido gobiernos del PP y del PSOE. Durante esos veinte años, distintas comunidades autónomas han abierto ostentosas ‘oficinas diplomáticas’ en Bruselas mientras España se consolidaba como el país con la mayor tasa de funcionarios públicos por metro cuadrado. Tanto funcionario y funcionario y nadie reparó en que el procedimiento para despojar a las familias de sus casas era perfectamente irregular en un país tan serio. El Gobierno anuncia ahora la creación de un observatorio para analizar posibles prácticas abusivas por parte de los bancos. ¿Es que necesitan un telescopio para ver lo que tienen delante de sus narices?

Un inmigrante y un juez

El cascabel del gato en este país tan serio lo han colocado un inmigrante, Mohammed Aziz, y un juez con su oportuna consulta al Tribunal. Ahora, a toro pasado, con las calles mojadas de lágrimas y al menos varios cadáveres después, el Gobierno del PP plantea tibias medidas para modificar el procedimiento de desahucio y se sigue negando a la dación en pago de la propiedad con el consabido argumento de que esto retrasará la recuperación del flujo del dinero bancario y con ello de la concesión de hipotecas, a las que sólo tendría acceso una parte minoritaria de la población. Es decir, se aspira a recrear cuanto antes el escenario que ha dado lugar a esta crisis demoledora para los más débiles. Es la hidra: cortas una cabeza pero salen más.

La gris y oscura Bruselas

La noticia del fallo del Tribunal Europeo ha sido recibida con esperanza, sobre todo porque otorga mayor margen de maniobra a los jueces y juezas para detener el procedimiento de desahucio si aprecian cláusulas abusivas. Pero también Europa merece su capítulo de recriminaciones.

La gris Bruselas ha demostrado que la Unión Europea es un armazón vacío de contenido que está lejos de proteger a sus ciudadanos. Tan sólo han logrado articular y de mala manera un euro ya oxidado y de futuro incierto. Pero los parlamentarios que votan en contra de que se les obligue a viajar en clase turista y la espesa masa funcionarial tampoco ha obligado a España a cumplir con la directiva sobre los desahucios. No ha mostrado desde luego el mismo ahínco con el que se reclaman ajustes en el déficit público. Las ventanas de Bruselas deben estar empañadas, porque nadie ve nada.

La pregunta clave

Quizás algún día los poderes públicos de este país y del conjunto de la UE den señales para que sepamos si gobiernan para la gente o si por el contrario son vulgares, patéticas y tenebrosas marionetas azules y rojas, con forma de rosa o de gaviota, manejadas por la banca y los mercados. Callarán bocas o confirmarán sospechas. Se situarán con suerte en el lado de los inútiles, los ineficaces y los prescindibles. La otra opción les convierte en colaboradores necesarios, el eufemismo legal de secuaces.

 


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