No pienses en Inditex
- La España de los locales vacíos, edificios tapiados y antiguos comercios
Dos de cada tres empleos en Canarias se deben a pequeñas y medianas empresas de futuro incierto pese al autobombo de Rajoy.
Un artículo de OCTAVIO CARABALLO
Muchas tiendas que, hasta no hace mucho, formaban parte de nuestro propio espacio, han cerrado sus puertas. Muchos restaurantes en los que pasamos largas sobremesas o desayunábamos casi a diario, han apagado sus cocinas. Y muchos comercios a los que acudíamos asiduamente para realizar nuestras compras sólo permanecen en pie en la memoria de las personas que, al pasar junto a su fachada, recuerdan los momentos vividos.
Locales vacíos, edificios tapiados o antiguos comercios clausurados cuyos rótulos se siguen aferrando a las paredes forman el paisaje de una crisis que ha puesto fin a un sinfín de sueños y ha arrojado a muchas personas al precipicio de la desesperación y la ausencia de perspectivas de futuro.
Esa es la cara B de la crisis que vivimos desde hace casi seis años. Crisis que unos han sufrido con más fuerza que otros. Sin embargo, pese a las embestidas de una recesión que no termina nunca, existen muchísimas pequeñas y medianas empresas que permanecen en pie gracias a la perseverancia de sus propietarios, los encajes de bolillos en la contabilidad, la imaginación para ofrecer productos originales y la constancia para no claudicar en tiempos de crisis.
Y esos miles, millones de pequeños y medianos empresarios, son los que mantienen a flote a todo un país. Son los que, pese al castigo de pagar más impuestos, han evitado que haya habido un estallido social. Son los que, sumando todas sus aportaciones, representan el mayor porcentaje del Producto Interior Bruto. Las microempresas, es decir, aquellas con menos de nueve empleados, representan el 95% de la estructura empresarial de España. O, por ejemplo, dos de cada tres empleos en Canarias están en manos de las pequeñas y medianas empresas.
Autobombo
El Gobierno del Estado, tras la vuelta de las vacaciones de agosto, ha iniciado una sonora campaña de autobombo en la que se vanagloria de haber evitado la bancarrota del país con su política de recortes y con sus reformas laborales. Se congratulan por el extraordinario crecimiento de las exportaciones y nos ocultan deliberadamente que dicho fenómeno obedece a la reducción de los costes laborales. Los productos que elaboramos son más baratos y España es hoy un país más competitivo gracias a que la mano de obra es más reducida. Repiten que han logrado contener la prima de riesgo como una señal de que hoy somos más fuertes que antes de la llegada de Rajoy al Palacio de la Moncloa.
El Gobierno se aferra a las grandes cifras para poner algo de brillo a una situación económica cuyo futuro depende, en gran parte, de la evolución de las pequeñas y medianas empresas. Y son esas, es decir, las tiendas, restaurantes y comercios que forman parte de nuestro paisaje urbano y rural, las que nos ofrecen la mejor radiografía sobre cómo estamos seis años después de la crisis. Y ahí, pese al empeño de Moncloa, no existe demagogia que valga para tratar de ocultarnos una realidad con la que nos tropezamos a diario.

