La Isleta, el barrio de la sirena
- Breve visita guiada a uno de los barrios más mágicos de España
¿Quieres visitar un lugar donde habitan una sirena, Tom Sawyer y un finlandés de ojos negros? Pues adelante…
“Pues ahora con la crisis a ver qué hago yo…”. El hombre, un sintecho, se recuesta sobre uno de los muros exteriores del supermercado de Hiperdino de la calle Los Gofiones, rodeado por cartones de vino barato, ni llenos ni vacíos. Le escuchan otros habitantes de las noches al raso. Dice que se llama Tom Sawyer, aunque la gente se empeñe en otra cosa. A Mark Twain le habría encantado conocerle y retratarle con palabras más acertadas que estas.
Nuestro Tom Sawyer se mueve en un pequeño radio dentro del barrio de La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria). El enclave es un universo humano diferenciado, único, un barco repleto de pasaje varado entre dos perlas: la playa de Las Canteras y un Paisaje Natural Protegido donde se ubica el Confital.
Sin bajar de casa
Un cubo vacío oscila a un metro y setenta centímetros del suelo, aproximadamente, a la altura media de una cabeza cualquiera. La soga de la que cuelga termina en los brazos de un hombre de unos treinta años, quizás menos, asomado a una ventana, en la tercera planta. “Chacho, ¿tienes un cigarro ahí?. ¿No? Pues nada, el siguiente”. En efecto, el siguiente en pasar le deja uno. Lo ha conseguido. Y sin moverse de casa.
Mezcla de procedencias
La Isleta está cosida con un entramado de calles que huelen a salitre, a Cuba, a Venezuela, Lanzarote, a Fuertevetura, a la cumbre, a las medianías de Gran Canaria. Hasta mediados del siglo XIX no era más que un puñado de casas míseras. Pero creció el Puerto y el barrio lo hizo con él. Llegaron gentes del interior grancanario, conejeros* y majoreros*. Entre todos crearon un lugar diferente, el sueño pobre y azul de los vecinos del mar edificado piedra sobre piedra.
Sirena isletera
Una abuela entra en el mar de buena mañana entonando una isa, la sirena isletera. Los pescadores se encaraman con ademanes de cangrejos a las rocas de La Puntilla frente a las cuales siempre pican las viejas*. Alguien arregla y pone flores en el altar de la Virgen dispuesto sobre un neumático colgado de un muro camino del Confital. El chino del bar de abajo, al que todos llaman Juan, sirve un ron, un café, otro ron. En la tienda de la esquina huele a papaya, a queso de Montaña Alta y guayaba. Un marinero se lleva doscientos gramos de jamón de york. Sólo sabemos que responde al enigmático apodo de El finlandés. Nada en sus ojos negros y su piel morena curtida al sol explica por qué.
Los vigías
Gatos vigías que pocas veces dejan de mirar el mar protegen la guarida de Chano El Peligroso. El sol cae redondo y cansado frente al barrio. El Teide, en la lejanía de la vecina Tenerife, muestra entonces su silueta de manera clara. Sabe que le observan. Ya no hay sol. Cae la noche sobre el azul y luminoso vecindario, donde las historias siguen llegando a la orilla.
*Conejeros: naturales de Lanzarote.
*Majoreros: naturales de Fuerteventura
*Vieja: pez propio de aguas subtropicales abundante en Canarias y de sabor muy apreciado.
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javier
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juanma
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sara
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chachita



