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Madrid, en la capital del sueño roto

  • La crisis y el desencanto empiezan a oxidar y condicionar el día a día en la ciudad
Madrid, en la capital del sueño roto
Fotografía de: Arkángel

Remiendos, retrasos, roturas, prisas, servicios low cost… La gran ciudad se convierte en el resumen de un país que chirría.

La cascada humana se precipita hacia el abismo. Es otro día de invierno en Madrid. Las prisas habituales tropiezan hoy con un obstáculo. Hay escaleras mecánicas estropeadas en las estaciones de Metro de Cuatro Caminos, Avenida de América o Arturo Soria. Unos carteles anuncian la avería con letras fluorescentes, pero no se ve a ningún operario. Los trenes van con calma. En dos años se ha doblado el precio de los billetes y también el tiempo de espera. En contraste, tres o cuatro guardias de seguridad controlan los tornos en cada acceso. No se aprecian los recortes en este caso.

Madrid corre, se abriga, ríe, llora, disfruta, baila, tapea y espera a que pase su tren. Nada permanece inmóvil en la capita del sueño roto. La vida se ajusta a los nuevos tiempos en el corazón de la burbuja, donde la alcaldesa Ana Botella ha logrado ser Alicia en el País de las Maravillas mientras muchos madrileños declaran sentirse habitantes al otro lado del espejo.

Pisoteados

La bulliciosa plaza de Cuatro Caminos ofrece muestras de la España de los brotes verdes, los sobres y los hombres de negro. Unas motos aparcadas sobre la acera ofrecen servicio de transporte a bajo coste. Ir a horcajadas para sortear la crisis. Los brotes verdes han marchitado y sus restos han sido pisoteados, hechos trizas. Sólo crecen los negocios que ofrecen remiendos en el país de las tijeras.

“Qué importante es tener dientes. No lo sabes hasta que te faltan. Y así no me dan trabajo. Y la gente piensa que se me han caído por la droga. Qué ignorancia…” La mujer flota por el  Rastro, cerca de un puesto de libros, revistas, chapas y recuerdos de la República. “Suerte”, le decimos. Los vendedores de máscaras de gas y ropa militar, en cambio, tienen los dientes largos. La gente se agolpa a su alrededor.

El cantante de ópera

Ya es de noche. Hombres y mujeres salen de los teatros, que ahora se llaman Cofidis-Alcázar o Caser-Calderón. Las empresas de créditos y seguros se suben a escena. En el primero de ellos han visto la obra Deseo. Fuera les recibe un aria de ópera interpretada por alguien que pide unas monedas por su voz. Camino del metro se encontrarán con más mendigos. El torrente hacia las profundidades de la ciudad fluye otra vez. Corren. A esa hora los trenes tardan todavía más en pasar.


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