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Iván Ferreiro, una noche en la zona sucia

  • Una noche en la presentación de 'Confesiones de un artista de mierda'
Iván Ferreiro, una noche en la zona sucia
Fotografía de: Alterna2

Iván Ferreiro gira presentando Confesiones de un artista de mierda. En uno de sus conciertos las letras se mezclaron con la realidad… 

El joven llegó a la sala tarde, algo borracho ya, en compañía de otros dos amigos, también tambaleantes. Él lucía un pelo rasta. Los colegas vestían a la moda, con chaqueta y camisa de cuello.

El concierto ya había comenzado. El artista, Iván Ferreiro, parecía más extraterrestre que nunca en la noche del sábado, encapsulado en un planeta que en principio no era el suyo pero al que se adaptó sin dificultades verso a verso. La cita se trasladó a última hora del Paper Club de Las Palmas de Gran Canaria al Infinity, donde el público habitual es otro distinto al que abarrotaba la sala. Al final de la noche se mezclaron los ambientes, como una confluencia nocturna de ríos de gentes.

Como el Padre Nuestro

Pero volvamos al principio. Los tres amigos, a pesar de su tardía entrada, vocearon cada canción. Se las saben como el Padre Nuestro. Fluían como nadie por el universo Ferreiro, donde rara vez hay espacio para la complacencia y la claridad. Muchas veces todo va mal, otras va mal y acaba peor y cuando va bien hay que temer un giro dramático.

El artista bromea

El artista ya es capaz de bromear sobre ello. “Vamos a interpretar tres canciones que llamamos la zona sucia, porque son especialmente tristes”, explicó. “La primera es sobre la mierda del amor”. Justo en ese momento, el chico de las rastas comenzaba a tontear con la rubia de al lado. “Yo me gastaba todo en sonreír…” Y ahí comenzó el paralelismo.

Él la invitó a un ron con cocacola. Ella iba y venía: de su grupo de amigas al espacio donde él la aguardaba mientras aparentaba distraerse con las bromas de sus amigos. “Y partí en el instante que llegué…” Había un brillo de ilusión en su mirada. “Te inventaré cada mañana…” Ella era el misterio, el viento que va y viente. Hubo un instante en el que logró entrelazar su mano y besarla. Ella se escabulló de nuevo.

El oscuro manto

En el centro de todos los oídos, Ferreiro expandía el manto de su hermosa oscuridad y enseñaba que interpretar con el corazón en la mano es algo que no se enseña en las academias de Operación Triunfo. Es uno de los lobos solitarios de la música española. “Quién no tiene valor para marcharse…”

Ella ya se acercaba con menos frecuencia a su orilla. Él apenas atendía a sus amigos. “Qué le voy a hacer, la historia no va a más…” En un momento dado ella se sentó al lado de otro. “Se apaga, como terminan las canciones que no acaban…” Iván Ferreiro anunció la última canción, Turnedó. “Dejemos que corra el aire y digámonos adiós…” El muchacho de  las rastas ni tan siquiera tuvo tiempo para eso. Otra vez será.


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