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Magos, ladrones, flores y amantes

  • La sección semanal Panorámica nos guía de nuevo por la cartelera
Magos, ladrones, flores y amantes
Fotografía de: Wistful

Almodóvar, Raimi o Yimou se asoman a la cartelera de cine esta semana.

Samuel Arjona.Un texto de SAMUEL ARJONA

Con al excepción de Yimou, un director antes mimado por la crítica generalizada y ahora prácticamente ninguneado, el resto de directores consagrados, ofrecen más nombre que resultado a la cartelera.

Los estrenos de esta semana son:

Oz. Un mundo de fantasía, de Sam Raimi

Me pregunto qué cara hubieran puesto los espectadores de finales de los 80 al decirles que el firmante de películas como Posesión infernal o Terroríficamente muertos sería el encargado, por Disney, de realizar una precuela del intocable Mago de Oz de Fleming. Pero así ha sido; y es que hay un antes y un después en la vida laboral de Raimi y sus Spider-Man.

La estrategia de la casa de Mickey es evidente, revisitar sus propios clásicos y hacer taquilla. Comenzó Burton con su insulsa versión de Alicia en el país de las maravillas y ahora es la novela de L. Frank Baum de la que brota el reto de Sam Raimi de crear un universo propio y, siendo consciente de las nuevas tecnologías y de estar haciendo un film decididamente familiar, llenarnos los sentidos y emociones de pura fantasía.

Parker, de Taylor Hackford

Parker es un viejo conocido al que hasta ahora nos han presentado con otros nombres. El personaje ya ha sido protagonista de cintas como A quemarropa o Payback, pero ante la negativa a ceder los derechos su autor, su identidad debía de ocultarse. El irregular por impersonal Hackford dirige, pero acaba entregando el producto al carisma innegable del ya asentado héroe de acción Jason Statham.

Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar

Tras sus agotadores ejercicios por llegar al melodrama de altura a través de diferentes géneros (Los abrazos rotos, La piel que habito), Almodóvar parece exhausto. Quizá sea la razón por la que ha optado por un divertimento simple, no sencillo, que le permita tomar aliento. Nos entrega una comedia alejada del costumbrismo y la espontaneidad que tan buenos resultados le ha dado. Un capricho, un auto-homenaje, una parodia de parte de su propio universo.

Dando la nota, de Jason Moore

Debuta Moore como director de cine adaptando un libro de no ficción de Mickey Rapkin y puede funcionar bien para dos tipos de público concretos. Por un lado, los que disfrutan de la comedia intrascendente, ambientada en un campus universitario norteamericano. Sin novedad alguna en cuanto a sus ingredientes y en las que siempre hay momentos de situación hilarantes. Por otro lado, los que buscan musicales, pero no como concepto o género, sino atraídos por una sucesión de canciones que ya conocen. La película contiene arreglos de canciones populares interpretadas a capella que suenan realmente bien.

En la niebla, de Sergei Loznitsa

Cine contemplativo. Loznitsa, en este segundo trabajo de ficción, tras un buen número de documentales, adapta una novela de Vasiliy Vladimirovich Bykov. La acción se sitúa en la frontera rusa durante la segunda guerra mundial. Pero el marco tan solo sirve de excusa para explorar y reflexionar sobre la condición humana. Planos largos y muy elaborados que buscan trascender en los que la imagen y el sonido se convierten en lenguaje metafísico. Cine necesario.

De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor Castillo

Primer largometraje de Dominga Sotomayor Castillo. En él contrasta dos realidades: la de los hijos de un matrimonio durante un viaje familiar y la de los adultos. El género del filme bien podría ser el festivalero, ya que no ha dejado de ser premiado allá donde ha sido proyectado. Pero después algo, quizá lo pretencioso de este tipo de propuestas, impide que salgan de ese circuito de exhibición y suele ser ignorado por el público.

Y la crítica:

Las flores de la guerra, de Zhang Yimou

Vaya por delante mi admiración por la obra del que considero uno de los mejores directores en activo del cine contemporáneo. Sin atender a bandera o ideología alguna. Con este trabajo Yimou intenta de nuevo mantener el equilibrio, y aunque no lo ha logrado como en otras ocasiones, el resultado sigue siendo fascinante. Un equilibrio que integra su vertiente más humanista, y que siempre se verá como la esencia de su arte por lo ya conseguido (La linterna roja, Ni uno menos, El camino a casa) y la capacidad pirotécnica que posee para epatar nuestros sentidos y dejarnos boquiabiertos ante coreografías imposibles (Hero, La casa de las dagas voladoras).

En esta propuesta bélica, adaptación de una novela de Yan Geling, la contienda es mostrada en diferentes niveles o capas. Durante la primera hora y mientras se nos presenta a los personajes, bastante más lineales de lo que debería, asistimos a varias secuencias de batalla memorables, donde tiene lugar la épica sin olvidar nunca el detalle. Y será el drama, el enfrentamiento humano entre los protagonistas y en conflicto interior permanente, lo que haga avanzar la narración en la segunda hora de metraje.

Se puede achacar a Las flores de la guerra una escasa evolución de los caracteres en su escritura, pero la exigencia y coherencia estética a la que siempre se somete Yimou, sigue siendo a todas luces admirable.

 


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