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Declaración de Hacienda tropical

  • Crónica desde la cola de Hacienda, que antes de las amnistías éramos todos
Declaración de Hacienda tropical
Fotografía de: G. C. Reyes

La paciencia de los atribulados contribuyentes se ve desbordada cuando aparca un Mercedes metalizado oficial.

“A ver si no alzamos la voz y no la tengo que alzar yo”. El funcionario hace lo que puede por sostener una idea que no ha sido suya. Alguna lumbrera con despacho ha decidido que las personas que acudan a presentar presencialmente su declaración de Hacienda deban esperar haciendo cola en la calle llueva, haga calor o nieve, algo que al menos nunca ha ocurrido en Las Palmas de Gran Canaria. Ya es un alivio.

El sistema es tan chapucero que pone a prueba el generalizado talante tranquilo y poco dado a la protesta del canario. La tensión sube varios puntos cuando estaciona a apenas doscientos metros un vehículo oficial, un lustroso Mercedes de color azul metalizado. “Seguro que ha sido idea de ése”, exclama un contribuyente que ha venido con el mono de trabajo puesto, señal de que al menos tiene trabajo, algo también tan difícil en los últimos tiempos como que nieve en Lanzarote o Fuerteventura.

Cuidado con las culebras

Mientras los atribulados contribuyentes aguardan su turno de pie, alineados para sostener al Estado que practica amnistías fiscales, desfilan ante carteles desconcertantes e incluso inquietantes si uno los observa antes de someterse al escrutinio de los funcionarios de Hacienda.

Uno de los anuncios anima a ponerse en contacto con el Gobierno de Canarias si ve en su finca una culebra de california, que ya es un plaga tan extendida como la corrupción en España o los concursos de la tele de famosos en aprietos económicos saltando a una piscina. Otro de  los carteles aclara que las listas para acceder a una vivienda protegida no han salido todavía. No se da la fecha. Queda la duda en este páramo tropical de culebras y Mercedes metalizados.


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