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Ryanair, vuela si puedes

  • Viajar con la compañía exige sacar todo el potencial de uno mismo
Ryanair, vuela si puedes
Fotografía de: Nafra Cendrers

Unos párrafos con alas y turbinas para revivir la sensación de volar con la aerolínea líder en España o para tener una idea aproximada, según el caso.

Ha llegado el gran momento. Es algo parecido a lo que sienten los parapentistas al arrojarse en brazos del abismo. También aquí es importante que no quede ningún cabo suelto. 17.00 horas. Aeropuerto de Barajas. Estás en la cola del vuelo de Ryanair entre Madrid y Gran Canaria. Volar con la compañía irlandesa supone una oportunidad para descubrir habilidades de ti mismo que desconocías, algunas de ellas directamente hermanadas con el contorsionismo. Aprendes que dentro de uno de los zapatos que metes en la maleta caben dos pares de calcetines, unos calzoncillos y el cargador del móvil mientras que en el otro, con pericia y paciencia, lograrás acomodar el cable del portátil.

Todo vale con tal de superar una de las grandes pruebas del siglo XXI y que ha convertido al ‘homo viajerus’ en un superhéroe: lograr que el bulto encaje en el medidor de Ryanair, tu gran enemigo en estos momentos.

Tu suegra

La cola avanza. El pulso se acelera. Diriges la vista hacia el mostrador. Una mujer pierde los nervios y llora. Tiene que pagar 60 euros porque no ha superado la prueba. Se te hace un nudo en la garganta. Tú podrías ser la siguiente víctima. Revisas con la vista tu maleta y algo te dice que una prominencia puede conducirte al desastre. Decides que lo que sobra en el interior es un fular de lana rizada rosa que tu suegra ha tejido para tu madre.

Te lo piensas. Qué diablos, ¿eres un héroe del siglo XXI o no?. Sí lo eres. Esto supone llegar al control de billetes hecho un Boris Izaguirre. Te piden que introduzcas la maleta en el terrorífico habitáculo con el que tuviste pesadillas la noche anterior. Entra. Mantienes el gesto, como si aquello no fuera algo por lo que has estado luchando durante dos días. Hay que mantener la dignidad.

Accedes al interior del avión, que te recibe con unas tonalidades amarillas chillonas que invitan a la relajación. Aquí estás, a bordo de una nave que pertenece a una compañía que lidera el transporte aéreo en España, guste o no guste. La azafata da la bienvenida por megafonía “al vuelo entre Madrid y Palma de Mallorca, Gran Canaria” y te preguntas si Michael O’leary ha logrado juntar los dos archipiélagos españoles para ahorrar costes y combustible.

El pasaje batalla por acomodar la maleta. Antes de sentarte tienes que quitarte con cuidado la chaqueta para que no se caigan de los bolsillos un libro, un barómetro que te regalaron en Madrid, un melocotón del Mercado Maravillas, el teléfono móvil, una camiseta doblada y la cartera. Aquello era la gabardina del inspector Gadget.

La verbena

Despegamos. Te entra sed. Pasa el carrito y te interesas por el precio de una botella de agua. “Tres euros, señor”, te informa la azafata con sonrisa de crupier. La compras porque sabes que todavía quedan pruebas que afrontar. En breve comienza la Verbena de la Paloma, un carrusel radiofónico donde venden rasca-rascas, periódicos, hamburguesas y colonias “más baratas que en Canarias”.

Recuerdas entonces que en un vuelo anterior la cosa derivó en una sesión del Club de la Comedia en la que un azafato se mofaba de las desgracias ajenas: “Pueden ganar un sustancioso premio con estos cupones, aunque claro, ustedes tienen mucho dinero y por eso vuelan con Ryanair…”. Hubo gente que se rió mucho. Era su primer vuelo con O’leary y sus chicos. Aterrizas.

Al fin en casa. En breve planificarás otro vuelo. No queda otra si vives en las Canarias, islas maravillosas, por otro lado. Tienes un alto porcentaje de posibilidades de repetir experiencia porque es posible que el precio de los enlaces a la Península con cualquier otra empresa duplique o triplique el de Ryanair. Da igual. En el ropero te aguardan tu chaqueta y tu maleta de superhéroe. No temas, Gotham City.


  • Agapito

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