En 1965 se produjo un milagro en Lanzarote (Canarias): los vecinos abrieron el grifo y manó el agua corriente gracias a la primera desaladora de Europa.
Gregorio Cabrera
La historia comenzó a cambiar en unas tierras cercanas a la ciudad de San Diego (California), hermanadas con Lanzarote por su rostro seco y desértico. El ingeniero Manuel Díaz Rijo se fijó en un proyecto de la Westinghouse Electric Company y, tras varios viajes a Nueva York, se llegó a un acuerdo para su instalación en suelo conejero.
Así que el relato de la primera desaladora que se inauguró en Europa, muy cerca en realidad de África, es un cuento de costa a costa que comienza y continúa en Canarias. Era algo que merecía ser recordado con motivo del Día Mundial del Agua.