Seguimos con los retratos de los municipios de Canarias. Ahora le toca el turno a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, otra capital de contrastes al borde del Atlántico. Un peculiar paseo por otro rincón de la Atlántida…
Un artículo de Gregorio Cabrera
Esta cruda realidad social choca de frente contra los muros de lo que algunos consideran un símbolo de modernidad y otros -entre los que se encuentran los colectivos sociales y vecinales- un hito de la era del derroche. Esas paredes pertenecen en este caso al auditorio construido por Santiago Calatrava. Mientras, en la parte alta de la ciudad hay barrios que claman por infraestructuras y exigen que se acometan obras de canalización de aguas para evitar un drama cada vez que la alianza de las lluvias y las montañas que circundan a Santa Cruz de Tenerife la convierten en un trágico embudo.
Santa Cruz de Tenerife se viste también con los ropajes de una burguesía comercial centenaria ligada al comercio o el plátano. Eje de la política de Canarias hasta la división provincial exigida desde la vecina Gran Canaria, conserva la sede del Parlamento de Canarias y un gusto por la exquisitez y la buena vida.
En su haber histórico queda que varias obras de William Shakespeare citan a los vinos ‘canaries’, que alcanzaron gran fama. “Ya has tomado muchos canaries, un vino maravillosamente penetrante”, se decía en Enrique IV. Otros, en cambio, lo que consideran excesivamente penetrante es el olor de la refinería, la más antigua de España. Se construyó en 1930 y es, junto a la de La Coruña, la única que permanece en activo dentro de una ciudad de más de 100.000 habitantes. El clamor y las noticias sobre su futuro forman parte de la banda sonora de actualidad local.
La indignación ciudadana se concentra también en una playa, en Las Teresitas, donde arribó también una de las muchas naves de la presunta corrupción que azota las costas del archipiélago canario. El ‘caso Las Teresitas’ investiga una supuesta trama en la adquisición de suelo que ya era municipal por una cantidad muy superior a su valor real justo antes de una recalificación. La Fiscalía estima que el ‘pelotazo’ podría haber alcanzado los 109 millones de euros.
Santa Cruz había saltado también a las hemerotecas con una noticia rocambolesca que retrata el carácter surrealista propio también de las tierras de América del Sur. Ocurrió cuando la policía detuvo a una motocicleta en la que viajaban tres individuos. El del centro resultó ser una cabra. Era la única que llevaba casco. Al menos aquella vez no estaba presuntamente implicado ningún alcalde.