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Las Palmas: alegría y blues

Las Palmas: alegría y blues
Fotografía de: G. C.

Comenzamos una serie de perfiles sobre municipios y pueblos de Canarias con la mayor urbe de las islas: la poliédrica ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Se vienen? Bienvenidos y bienvenidas a esta capital atlántica.

Un artículo de Gregorio Cabrera

L
a playa de Las Canteras, un arenal urbano de tres kilómetros y medio, es la dorada columna vertebral de Las Palmas de Gran Canaria. Lo que ocurre en sus extremos define el carácter poliédrico y cosmopolita de una ciudad en la que se abrió el primer restaurante japonés del país, el muy honorable Fuji, décadas antes de que el sushi se convirtiera en tendencia.

Tenga cuidado con la cabeza. Un cubo de fregona oscila suspendido en el aire mientras camina por una de las calles del barrio de La Isleta. “Pibe, échate una moneda ahí”. Al levantar la cabeza descubres al final de la cuerda, en una tercera planta, a un joven delgado y sin camiseta que muestra un reguero de tatuajes sobre su tostada piel. Esta zona de la ciudad, habitada en su gran mayoría por familias humildes, concentra a un porcentaje importante de la población en paro, porque el desempleo es el frío que hace temblar a esta esquina del subtrópico.

Un niño en el parque de la Luz.

Un niño en el parque de La Luz.

La mirada se desplaza ahora hacia la otra punta del manto arenoso, al lugar exacto donde se encienden las luces del Auditorio Alfredo Kraus mientras todavía alguien trata de obtener unos céntimos de euro desde el balcón. Es el resplandor de la ciudad que atesora siglos de tradición cultural, rematada por el arquitecto Óscar Tusquets con una obra encallada en la orilla. Tras las cristaleras se ve a gente cultivada y vestida a la última que apura una copa de vino o de champán mientras suenan las campanillas que anuncian el comienzo de la función.

Agazapado y gigantesco, a la espalda del istmo de Las Canteras se levanta el Puerto de Las Palmas. El muelle es el alma de la urbe. El comercio a escala planetaria y la entrada y salida constante de gentes llegadas de cualquier lugar desde hace más de un siglo se convirtió en una transfusión de modernidad y apertura. Las Palmas de Gran Canaria fue multicultural mucho antes que otras muchas capitales de provincia. Las comunidades orientales, hindúes, rusas, británicas o nórdicas forman parte del día a día de la ciudad desde hace tanto tiempo que casi nadie sabría decir cuándo y por qué llegaron.

Las Palmas de Gran Canaria es una cuna mecida por los vientos alisios donde han nacido personajes de la talla de Benito Pérez Galdós, el citado Kraus o uno de los escultores españoles de mayor proyección internacional, Martín Chirino. Con él, el gran forjador de bucles de hierro, se cierra una espiral del tiempo donde caben todos los círculos posibles. Este año se inauguró en el Castillo de la Luz la fundación que lleva su nombre. Las olas besaban antiguamente sus muros. Hoy les separan centenares de metros ganados al mar por el recinto portuario. Por sus laterales, entre las estiradas palmeras, recortan el aire las siluetas de las enormes estructuras de los tanques de combustible. Asomada al océano y al tiempo, la que fuera una de las primeras grandes ciudades europeas más allá de la Vieja Europa, crece, sufre, ríe y sueña.

Vista desde La Isleta.

Vista desde La Isleta.


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