La Marea

Los peligros rodean a los animales que habitan las aguas de Canarias.

Octavio Caraballo realiza un análisis del Día Internacional del Orgullo LGBT (lesbiana, gay, bisexual, transexual) y la vigencia de sus reivindicaciones.
Un artículo de OCTAVIO CARABALLO
Gais, lesbianas, transexuales y bisexuales conmemoran, un año más, el Día Internacional del Orgullo. Una celebración que, pese a los avances que ha habido en materia de derechos, sigue siendo un acto reivindicativo necesario para denunciar y poner sobre la mesa el drama que afecta a miles de niños y niñas que son acosados en las aulas, y exigir el fin de la homofobia y los comportamientos discriminatorios que condenan a muchas personas a sufrir el desprecio y el fanatismo de los intolerantes.
Pese a que casi siempre es la parte más festiva y transgresora la que se cuela en las páginas de los periódicos y en las crónicas de los medios audiovisuales, lo cierto es que el Orgullo es muchísimo más que eso. Es, sobre todo, una oportunidad para reflexionar, examinar el camino recorrido, y trazar nuevos objetivos para mantener viva una lucha que, lejos de languidecer, está más viva que nunca.
“¡Jóvenes sin armarios!” es el eslogan del Orgullo de este año. Un lema cuyo objetivo es poner el acento en la discriminación que sufren los más jóvenes, la sinrazón a la que se enfrentan muchas personas que se niegan o no pueden hablar abiertamente sobre su orientación sexual, y para difundir las estrategias de trabajo y movilización en torno a 2013, Año de la Diversidad Sexual y de Género en la Juventud.

Fotografía de David Goehring.
Este año será recordado por la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia. Una realidad que pronto estará vigente también en el Reino Unido. O por las dos recientes sentencias del Tribunal Supremo de Estados Unidos que consagran la tan ansiada igualdad.
Pero, lamentablemente, también será recordado por las multitudinarias manifestaciones en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo que recorrieron las principales calles del centro de París; la ley mata-gais que contempla la pena de muerte que se perfila en Uganda, el acoso que sufren los homosexuales en países como Camerún o, por ejemplo, la aprobación en Rusia de una ley que permitirá castigar a aquellos que difundan información sobre las “relaciones sexuales no tradicionales”.
Sin embargo, no es necesario salir de nuestro país para acceder a estadísticas que estremecen. Me refiero especialmente al estudio presentado este año por la Federación Estatal de Gais y Lesbianas en el que se apunta que el 43% de los jóvenes que sufren el acoso homofóbico se plantean el suicidio. La mayoría de ellos son jóvenes que se enfrentan a diario en las aulas de los centros escolares a una realidad que yo sufrí personalmente durante muchos años y que, en algunos casos, ha acabado de la manera más dramática.
Pese a las luces que invitan al optimismo, siguen existiendo muchas sombras que nos obligan a estar alerta. Por tanto, hay numerosas razones para sumarse al Orgullo LGTB. Y, por ello, les invito a sumarse a las miles de iniciativas que se han organizado para reivindicar la diversidad sexual y de género, exigir unas aulas más seguras y que cese, por fin, la homofobia.
Artículo de Octavio Caraballo a 2 julio, 2013.

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