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Caboso a babor

Caboso a babor
Fotografía de: Demetrio Lago

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esulta difícil olvidar la mirada de un caboso, ese pez rechoncho con aire de actor secundario venido a menos. Acostumbra a aposentar su ser sobre las rocas, justo donde el agua besa la orilla y es el menos aerodinámico del vecindario. Y lo asume. A veces no se mueve en horas. Justo hasta el momento en el que algún ser humano ávido de paraísos se zambulle de golpe en las aguas cristalinas donde habita este pez pacientoso que siempre aparenta más edad de la que tiene. Allá, en Los Charcones (Lanzarote, Canarias), el Atlántico muestra sus ojos de tonos azules y verdes con una transparencia casi irreal.

Pejeverdes, fulas y cabosos.

Pejeverdes, fulas y cabosos.

La naturaleza ha ensayado en Lanzarote múltiples maneras de combinar agua, fuego y luz. Este es uno de sus experimentos más logrados y menos conocidos. Por fortuna, habría que añadir. Por el momento no incluiremos mayores precisiones geográficas. En estas piscinas naturales el mar ni tan siquiera exige que te sumerjas para mostrar sus secretos. Los pejeverdes (el arcoiris móvil de las aguas intermareales de las islas), las fulas de eléctrico negro y los atribulados cabosos se muestran a simple golpe de vista.

Furia

Un pintor local lleno de talento, furia y bondad, Santiago Alemán, suele hacer referencia al dramatismo del paisaje insular (no, no fue algo que se inventara el realizador Pedro Almodóvar, que también lo subrayó durante el rodaje en la isla de Los Abrazos Rotos).

Para el artista, una palmera aislada en la ladera de un volcán puede ser un grito de dolor que se levanta hacia el cielo. Grabadas en el oscuro basalto y gritadas también a los vientos alisios recorren Los Charcones historias de viudas que acudían a pescar para dar sustento a sus hijos, de pies desollados en las cercanas salinas de Janubio, de hombres y mujeres devorados por el océano, por ese manto infinito que muestra ahora su cara de niño bueno y angelicales ojos azules.

El sol cae justo frente a este microparaíso, como si quisiera echar un último vistazo antes de dejar de alumbrar esa tierra quemada. Mañana será otro día. No faltará nadie en Los Charcones. Tampoco los cabosos.


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Comentarios (16)

  1. lagarto13 dice:

    Bonito charco, sí señor

  2. lagarto13 dice:

    a ver si voy un día

  3. diarioatlantida dice:

    Ay, si el caboso hablara

  4. diarioatlantida dice:

    Más información sobre seres atlánticos en nuestra guía atlántica…

  5. diarioatlantida dice:

    Gracias a todos por la gran acogida que ha tenido el nuevo diseño

  6. diarioatlantida dice:

    Y por los comentarios de apoyo en nuestro facebook y twitter

  7. diarioatlantida dice:

    Procuraremos estar a la altura de tan dignos y dignas lector@s

  8. diarioatlantida dice:

    Y con la ilusión de que contar historias es posible, que el periodismo sigue vivo

  9. diarioatlantida dice:

    Gracias a todos ustedes, a ti también, Lourdes Estrauss

  10. diarioatlantida dice:

    En breve anunciaremos nuestra fiesta de los 12.000 seguidores en Facebook, que ya nos acercamos…

  11. diarioatlantida dice:

    ¡¡¡

  12. diarioatlantida dice:

    Y, por favor, no duden en hacernos llegar sus dudas, críticas y sugerencias…

  13. diarioatlantida dice:

    Siempre son ustedes bienvenidos en estas profundidades

  14. diarioatlantida dice:

    Y que la felicidad les acompañe

  15. diarioatlantida dice:

    Y la suerte, que es esquiva, pero acaba atrapándose si se la persigue con fuerza

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