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Don Borondón

Don Borondón, un aventurero

Adiós, imaginada

Me gusta San Borondón. Nunca tuve una relación fácil con la realidad, razón por la  cual me adapté a la vida en una isla imaginaria.

El Alisio

Ruth Corujo, una periodista con alma.

Y no viví

Si se sumergen encontrarán una historia muy especial. Pasen, lean y naveguen entre letras.

Y no viví

Si se sumergen encontrarán una historia muy especial. Pasen, lean y naveguen entre letras. Un texto de RUTH CORUJO SAAVEDRA (Periodista) No sonó el despertador. Me despertaron las chinijas. Ya…

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Si se sumergen encontrarán una historia muy especial. Pasen, lean y naveguen entre letras.

Un texto de RUTH CORUJO SAAVEDRA (Periodista)

No sonó el despertador. Me despertaron las chinijas. Ya estaban perfectamente vestidas y preparadas para ir a la escuela. ¡Chicas, gracias, gracias! Pero, ¿qué pasó? No oí el despertador. ¡Corre! No llego al trabajo. ¡Vamos! Lua, coge la maleta. India, te peinas en el coche. Mía, coge los zapatos y corre.

¡Chacho, que no llego! Ya debería estar saliendo del colegio y estamos saliendo de casa. Yo con los pelos empapados y sin desayunar. Las niñas atusándose por el camino. El coche de las locas. Mami, no corras mucho. No cariño. ¿Pero cómo es posible que no sonara el despertador, y que no oyera a las niñas riéndose y vistiéndose, preparándose para salir? Pero si habían desayunado y todo. Mami, tienes unos pelos de loca. Sí cariño, loca.

Tengo que llegar bien a la recogida temprana del colegio para luego pasar por casa de mi madre y entregarle los documentos que me pidió la asesora. Mi madre ya está avisada y estará preparada para llevar los papeles a la oficina mientras yo me dirijo a la otra punta de la isla y remato la negociación con los activistas de Fuerteventura. Crucial. Todos los días son cruciales, pero apenas tengo tiempo para mirar, hablar y ver. ¿Quién soy?

Las niñas siguen de cháchara en la parte trasera del coche y descarto la pregunta. Decido ir primero a casa de mi madre. Llegamos. Aparco en la puerta. Eso es lo bueno de vivir en una isla tranquila. Quédense un momento quietecitas que le entrego esto a abuela y nos vamos. Toco el timbre insistentemente y aparece mi madre despelujada y en pijama. También se quedó dormida. ¡Uy, como estamos! Me voy ma’, que llego tarde y tengo a las chinijas en el coche. Hazme el favorcito, please. Gracias. Corro al coche otra vez y a la escuela. Chicas, besos. Mua, mua y mua. Las recojo a las tres. Suerte en el examen, India. Adiós.

Durante el siguiente trayecto en coche voy repasando mentalmente y hasta en voz alta lo que diré en la reunión y hasta lo que espero escuchar. Sin casi darme cuenta llego al punto de encuentro y las conversaciones resultan ser, como siempre, totalmente diferentes a como había imaginado. En realidad no soy tan excelente ni los otros tan agudos, pero pasamos un buen rato, exceptuando cuando Miguel se puso morrudo con el asunto de la prensa y, bueno, acabó la reunión.

¿Quién soy? Corre, que no llego. Por los pelos. Pasan de las tres en punto, pero en el colegio siempre se retrasan a la hora de abrir la puerta. Llevo a las niñas al supermercado, hacemos la compra con intervalos para ir al baño y nos vamos a casa. ¿Vivo? Hoy no tenemos actividades, pero hay deberes y exámenes. Un paseíto por el pueblo, que el día está bueno. No, queremos ver la tele. No hay tele, paseo. Regreso, tareas y estudio. Ducha, cena, peleas, reconciliación y cuento. Buenas noches. Buenas noches mami, que sueñes con las hadas.

Ruth Corujo Saavedra

Artículo de a 3 febrero, 2013.


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