La Marea

Nuestro viajero surca los cielos tras abandonar su isla imaginada. Y llega el primer incidente.


La muy real historia de un móvil inteligente y un ser humano quizás no tanto.
Está sentado en uno de los bancos del estrecho paseo que se asoma a las espumas del mar. La gente pasa ante él sin que él vea a nada ni a nadie. Las risas, la gritería de los niños, el ronroneo abismal y felino del océano y el ruido de fondo que procede de la autovía son para sus oídos la banda sonora de una película que no le interesa.
Su mirada permanece clavada en la pantalla del iPhone. Los dedos se mueven sin cesar por la pantalla táctil. Con un clic envía un correo electrónico a un amigo que vive a dos calles de casa pero al que casi nunca ve y, con otro más, comenta en Facebook una foto de su colega de la infancia, el que se ha ido a Londres a aprender inglés.
Lee por encima decenas de mensajes, porque se apunta a todos los grupos que puede en la red de redes. Chatea, etiqueta, reenvía, responde, sube, baja, actualiza, revisa... Se aburre. Entonces decide ver las noticias locales, las nacionales, y también las de este mundo ("¡Qué movida lo de Mali", piensa) tan intercomunicado gracias a milagros tecnológicos como el iPhone. A su lado, ella, con la que ya apenas habla, se concentra en la caída del sol. Él, una vez más, se ha vuelto a perder el atardecer. Pero está tan comunicado...
Artículo de Gregorio Cabrera a 9 febrero, 2013.

La cartelera de cine nos propone esta semana un carrusel de sensaciones. Selvas, ciudades y mundos solitarios.

Cuando uno se acerca a un volcán en activo, como el Arenal de Costa Rica, debe estar dispuesto a casi cualquier cosa.