Home » Canarias » Canarias: territorio sumergido

Canarias: territorio sumergido

Canarias: territorio sumergido
Fotografía de: G. C.

Canarias tiene habitantes que muestran su lado más atlántico. Son personas que viven en un territorio intermareal que parece atrapado entre el pasado y el presente de unas islas que no serían las mismas sin seres como ellos. Y al revés, por supuesto. 

Un artículo de Gregorio Cabrera (Publicado originalmente en Diario de Lanzarote)

A
 sus 66 años, Francisco Jiménez Betancort ha sido testigo de muchas cosas. Ha visto por ejemplo cómo uno de sus compadres de toda la vida fabricó un pequeño submarino con el motor de una Vespino y unas verguillas. El ingenio se sumergió bajo las aguas, aunque jamás regresó a la superficie. Y otra vez, en el año 1965, fue testigo de cómo Heraclio Niz tumbó a otros trece luchadores durante un entrenamiento en un solar. “Era un tío fuerte, pero fuerte, fuerte”, recuerda. El mítico Pollo de Arrecife vivía por aquel entonces en la calle Benecharo del barrio de La Isleta de Las Palmas de Gran Canaria.

Paco, que así le llaman todos, es un habitual de La Puntilla, la esquina norte de la playa de Las Canteras. Su abuelo, Juan Apolo González Betancort, nació en Haría y era primo de otro gigante del deporte canario, el portero de fútbol Antonio Betancort, que forjó su carrera bajo los palos de la Unión Deportiva Las Palmas, el Real Madrid y la selección española. Como su abuelo, se crió en el norteño municipio de Lanzarote, aunque emigraron desde niños a Las Palmas de Gran Canaria. Paco es uno de los descendientes de aquella diáspora dentro de los límites insulares.

 Forma parte de un mundo surrealista donde se fabrican submarinos con el motor de una Vespino y unas verguillas 

“Antonio Betancort era alto, buen portero y buena persona”, resume Paco con una capacidad de síntesis que va en paralelo a un carácer austero matizado por unos ojillos socarrones y su media sonrisa. Tiene el sueño de viajar a Lanzarote y en concreto al pueblo de su abuelo antes de morir. “Yo hablaba mucho con él, mira a ver, si era el primo de mi abuelo. Y me hablaba mucho de Di Stefano, de Puskas, de Gento, de los que yo quisiera que me hablara”, señala un hombre que ha trabajado de portuario, en una serrería o para una compañía de dragados en la antigua Villa Cisneros, actual Dajla.

Pero Paco es ante todo uno de esos seres anfibios que necesita del contacto directo y casi permanente con la mar. “Oye, cuidado que dejé un pulpo escondido y es mío”, le advierte a un paisano que camina por la calle con unas gafas y unas chapaletas, rumbo a una inmersión en lo que Paco considera la extensión natural del salón de su casa.

Paco, en La Isleta.

Paco, en La Isleta.

Minutos después, tras saludar y lanzar nuevas advertencias en relación a cangrejos, jureles, meros y otras especies marinas, Paco saca el manojo de llaves y abre el portón de una casa aparentemente abandonada en las inmediaciones de la milla de oro de Las Canteras, donde las terrazas son un hervidero de gentes durante todo el año. Es la entrada a otro mundo. Allí, entre paredes semiderruidas, está varada su embarcación, la Francisca, en honor a su madre.

En un gran recipiente de plástico sumergidas en agua con lejía se acumulan decenas de camisetas de equipos de fútbol que le regalan y que él se ha aficionado a coleccionar. “Mira… El Bilbao, el Vecindario, el Betis… De todo tengo”, presume. En un rincón, fuera de lugar y casi del tiempo, acumula polvo una vieja máquina de escribir que podría haber servido para pasar a limpio todas las historias que Paco va desgranando.

Este marinero de la cara norte de Gran Canaria recuerda los tiempos en los que el agua del océano entraba por la calle Tenerife y convertía a La Isleta en una verdadera isla al margen de todo y todos los demás. “Qué te crees, que a esto le llaman La Isleta por casualidad”, nos dice mientras se acentúa levementen el brillo de los ojos y la media sonrisa. Aprovecha que está en modo socarronería para rememorar lo que sucedió una vez en el muelle de Las Palmas mientras pescaba a caña: “Saqué un bote de pintura, luego un cabo y luego una bota. Y un japonés que estaba al lado sacó la otra bota. Hay demasiada basura y eso es malo para las tortugas y para todo. En medio del océano hay una gran isla de basura. ¿Qué te parece?”. Y resulta que Paco, el sobrino-nieto del legendario Betancort también es ecologista.


Más noticias

Comentarios (1)

  1. Buck dice:

    I’m quite pleased with the inoaimftron in this one. TY!

Responder a Buck Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>